Una doctoranda leonesa devuelve la plaza y la conversación a cuatro pueblos del municipio de Villanueva de las Manzanas

Una estudiante de doctorado de la Universidad de León ha pasado el verano recorriendo las cuatro localidades de Villanueva de las Manzanas con una idea tan sencilla como ambiciosa: que niños, jóvenes y mayores apagaran las pantallas y volvieran a encontrarse.

Una doctoranda leonesa devuelve la plaza y la conversación a cuatro pueblos del municipio de Villanueva de las Manzanas

Irene González Manceñido, inscrita en el programa de Doctorado en Economía, ha sido la artífice de ‘Verano sin pantallas’, un proyecto de ocio y participación que se ha desarrollado durante estos meses de julio y agosto en Villanueva de las Manzanas, Villacelama, Palanquinos y Riego del Monte.

La propuesta nació de una preocupación real y cotidiana: el tiempo excesivo que personas de todas las edades dedican a los dispositivos digitales y el paulatino abandono de los espacios de relación comunitaria. Frente a esa tendencia, Irene diseñó un programa de actividades que fue moldeándose según la respuesta de los vecinos y las particularidades de cada grupo.

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Los niños y jóvenes participaron a través de la Ludoteca local, con talleres, juegos y propuestas artísticas. Con los mayores, el trabajo giró en torno a la memoria, la creatividad y los recuerdos de los pueblos. La propia Irene reconoce que lo más valioso no siempre fue la actividad en sí, sino el espacio de conversación que se abría a su alrededor.

El proyecto culminó con la exposición ‘Verano sin pantallas: pasado, presente y futuro’, que pudo visitarse entre el 27 y el 30 de agosto en las Escuelas de Villacelama. La muestra reunió fotografías antiguas cedidas por familias del municipio, trabajos realizados por los niños y un espacio participativo donde los visitantes dejaron por escrito aquello que consideran importante preservar de sus localidades.

La iniciativa no estuvo exenta de dificultades. La participación no siempre alcanzó las cifras esperadas, pero los encuentros generados y las conversaciones mantenidas permitieron a Irene conocer de cerca la realidad y la memoria de estos pueblos, y comprender mejor cómo adaptar las propuestas a cada contexto.

Lo que ha quedado tras estos meses va más allá de unas horas alejadas de las pantallas. ‘Verano sin pantallas’ ha recuperado algo que existía antes de la tecnología y que no necesita de ella para sobrevivir: el tiempo compartido, el recuerdo colectivo y el vínculo entre generaciones como forma de mantener vivos estos rincones de la provincia de León.