El mapa del ruido de Miranda de Ebro ha dejado al descubierto una situación que muchos vecinos ya conocían de primera mano: dos calles de la ciudad registran por la noche más ruido que durante el día, y sus niveles superan incluso los límites permitidos en áreas industriales.

Los datos, recogidos por una empresa especializada y encargados por el Área de Medioambiente del Ayuntamiento, son contundentes. En la calle Juan Ramón Jiménez, donde se concentra buena parte del ocio nocturno de la ciudad, se alcanzan los 67,3 decibelios durante la madrugada. En la calle El Cid, la cifra ronda los 63,4. Ambas superan con creces los 55 decibelios que la ordenanza municipal fija como máximo en zonas comerciales durante la noche, y se alejan todavía más de los 45 permitidos en áreas residenciales.
La diferencia entre lo que marca la ley y lo que ocurre en la calle es llamativa. La calle Juan Ramón Jiménez supera en un 50% el límite para zonas con viviendas, y El Cid lo hace en un 41%. Pero lo más sorprendente es que esos valores también rebasan lo recomendado para espacios industriales en horario nocturno.
La concejala de Medioambiente, María Cueva, subraya que los límites no son una invención del Ayuntamiento, sino que responden a la Ley del Ruido y son de obligado cumplimiento en toda Castilla y León. La edil reconoce que actuar frente al ocio nocturno es mucho más complejo que atajar el ruido del tráfico o del ferrocarril, para los que existen medidas técnicas más conocidas.
Entre las soluciones que se plantean figuran la exigencia a los locales de instalar dobles puertas que retengan el ruido interior, una mayor vigilancia por parte de la Policía Local en la vía pública y una apuesta por la concienciación ciudadana. Cueva también apunta a posibles cambios normativos, como restringir las terrazas nocturnas en determinadas calles o buscar fórmulas de convivencia similares a las que se están ensayando en ciudades como San Sebastián.
La responsable municipal advierte de que los locales de ocio en calles estrechas y con muchas viviendas generan una concentración de sonido muy superior a la que se produciría en espacios abiertos, donde el ruido se dispersa con mayor facilidad.
Los vecinos de estas zonas llevan años soportando noches que, según confirman ahora los propios datos oficiales, van mucho más allá de lo legalmente tolerable. El informe está sobre la mesa. La pregunta es cuánto tardará en traducirse en medidas concretas.
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