El Puente Mayor de Liérganes sigue abierto al paso pese a su peligrosa grieta: treinta y siete personas en un minuto

El histórico Puente Mayor de Liérganes lleva meses con un precinto de la Guardia Civil que apenas nadie respeta. Una gran grieta en su arco principal obligó a cerrar el paso en marzo, pero turistas y vecinos siguen cruzándolo a diario como si nada.

El Puente Mayor de Liérganes sigue abierto al paso pese a su peligrosa grieta: treinta y siete personas en un minuto

Las vallas azules colocadas en ambos extremos del puente son poco más que decoración. Las cintas que ponen «Guardia Civil. No pasar» están tan arrugadas e ilegibles que pasan completamente desapercibidas. Esta semana, en apenas un minuto un martes por la tarde, accedieron 37 personas y cinco perros.

La mayoría son turistas que llegan atraídos por la escultura del Hombre Pez y el emblemático empedrado de cantos rodados. Muchos confiesan que, al ver pasar a todo el mundo, dieron por hecho que no había ningún riesgo real. «Como vemos que pasa todo el mundo, no nos habíamos planteado que hubiera ningún problema», reconoce un visitante llegado desde Málaga.

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Otros sí son conscientes del cierre pero lo consideran insuficiente. Una turista de Zaragoza, al conocer el motivo de las vallas, lo resumía con claridad: si el peligro es real, una simple barrera no basta.

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Entre los vecinos la situación no es muy diferente. Algunos cruzan sin mirar y otros lo hacen de forma deliberada. «Llevo toda mi vida pasando por aquí y no voy a dejar de hacerlo ahora», afirmaba uno de los paisanos consultados.

El cierre se impuso en marzo, en el mismo periodo en que se tomaron varias medidas cautelares en la región tras la tragedia de El Bocal, donde seis jóvenes perdieron la vida. Desde entonces, la grieta del arco principal del Puente Mayor ha sido monitorizada con un gasto de 23.000 euros sufragado por el Ayuntamiento, siguiendo las indicaciones de técnicos de la Universidad de Cantabria.

El equipo de gobierno local ha intentado rebajar la alarma señalando que algunos vecinos aseguran conocer esa grieta desde hace décadas. Por eso, de momento, no está prevista ninguna intervención de reparación. La oposición, en cambio, ha mostrado su malestar ante la falta de medidas más contundentes.

El resultado es un puente con una grieta visible a simple vista, un precinto que nadie hace cumplir y cientos de personas cruzando cada día bajo un arco cuya seguridad sigue sin resolverse. Liérganes espera respuestas mientras el verano sigue llenando de visitantes sus calles.