Septiembre llama a la puerta y, con él, uno de los momentos más temidos por las familias leonesas: la cuesta de septiembre escolar. Comprar libros, cuadernos, mochilas y todo el material necesario para el nuevo curso supone un desembolso que muchos hogares ya están calculando con preocupación.

El gasto varía según la edad del alumno y el centro escolar, pero las cifras no dejan mucho margen para la tranquilidad. Los niños de infantil pueden generar un coste de unos 200 euros, mientras que los de los primeros cursos de primaria pueden llegar fácilmente a los 400 euros. En el caso del instituto, donde entran en juego las optativas de humanidades o letras, el precio medio se vuelve difícil de calcular.
Solo el material escolar, sin contar los libros de texto, oscila entre los 20 y los 80 euros. Cuando se suman los libros, la factura puede dispararse hasta los 400 euros por niño. Y eso sin contar que, según señalan desde las propias librerías y papelerías de la ciudad, los precios suben entre un tres y un cinco por ciento cada año.
El precio del papel no para de crecer, y eso se nota. Oresta Modla, dueña de la papelería Yábluko, lo tiene claro: el coste depende también del colegio y de la edad del alumno, y cada año el margen se estrecha un poco más para las familias.
Ante este panorama, los programas de libros de segunda mano han ganado popularidad. Iniciativas donde los libros pasan de un alumno a otro permiten aliviar la factura, aunque también afectan a los negocios locales. Desde las propias papelerías reconocen que, pese a que les perjudica económicamente, es una solución lógica y necesaria para muchas familias.
El comercio online también ha irrumpido con fuerza en la vuelta al cole. Plataformas digitales con precios muy ajustados atraen a compradores impacientes, aunque desde las tiendas físicas advierten de los riesgos: un bolígrafo de 20 céntimos no siempre garantiza que escriba bien. El trato personalizado, el asesoramiento y la facilidad para gestionar devoluciones siguen siendo bazas importantes del pequeño comercio de León.
Lo que sí ha cambiado por completo es el ritual de ir a la papelería. Antes, los niños entraban maravillados entre colores, olores a papel nuevo y la emoción de escoger sus propios materiales. Hoy son los padres quienes llegan directamente con la lista en mano, sin tiempo ni margen para la magia de antes.



