Lo que comenzó hace poco más de un mes en una localidad vallisoletana se ha convertido en una crisis sanitaria de gran alcance para el sector avícola castellanoleonés. La enfermedad de Newcastle, detectada por primera vez el pasado 15 de junio en Aldea de San Miguel, ha saltado ya a cinco provincias de la comunidad y acumula 23 focos confirmados con cerca de 1,6 millones de aves afectadas.

Los últimos datos oficiales recogen seis nuevos focos, todos ellos de pollos de engorde, repartidos entre localidades de Segovia, Valladolid, Ávila y Salamanca, que suman casi 230.000 aves más. Las cinco provincias con presencia del virus son Ávila, Salamanca, Segovia, Valladolid y Zamora.
La enfermedad está causada por un virus de la familia Paramyxoviridae, altamente contagioso entre aves de cualquier especie. Las autoridades sanitarias han confirmado que la cepa detectada es de tipo velogénico, la de mayor capacidad de propagación. La buena noticia es que no supone ningún riesgo para las personas.
Ante cada foco confirmado, la normativa obliga al sacrificio inmediato de todas las aves de la explotación, la destrucción de cadáveres, pienso y utensilios, y el establecimiento de zonas de restricción de hasta diez kilómetros a la redonda.
Las organizaciones agrarias llevan días pidiendo que se adelante la vacunación obligatoria, prevista desde el 1 de agosto solo en dos provincias y desde el 1 de septiembre en toda la comunidad. Sin embargo, desde la Consejería de Agricultura advierten de que las vacunas disponibles no son plenamente efectivas frente al serotipo detectado y que una anticipación masiva podría agotar las existencias de dosis.
Desde UPA Castilla y León, su secretario general calificó el virus de «vector biológico extremadamente complejo» y alertó del riesgo que suponen las vías de transmisión mecánica: ropa de trabajo, calzado de los operarios o vehículos que circulan entre granjas. También subrayó la necesidad de garantizar la eliminación completa del patógeno antes de que el estiércol de las explotaciones afectadas pueda volver a usarse en campos de cultivo.
Por su parte, desde COAG expresaron inquietud por la rapidez con que el virus se expande incluso en instalaciones modernas y herméticas, lo que apunta a fallos en los protocolos de bioseguridad.
El sector teme que la crisis prolongada derive en un encarecimiento de la cesta de la compra por falta de suministro de carne de ave y huevos en los próximos meses.
