El Rey llegó este viernes a la ciudad imperial con un dispositivo de seguridad sin precedentes que transformó durante horas el entorno del Alcázar en un espacio prácticamente inaccesible para vecinos y turistas.

Toledo despertó este 4 de septiembre con una estampa poco habitual en su Casco Histórico. El entorno del Alcázar amaneció rodeado de agentes de seguridad, controles de acceso y un helicóptero sobrevolando la zona de forma constante, señales inequívocas de la inminente llegada del jefe del Estado.
Felipe VI partió desde la Academia de Infantería en torno a las 12:00 horas y llegó al Alcázar siete minutos después, accediendo al edificio por la Puerta del Ángel. Su presencia atrajo la atención de numerosos vecinos y turistas que se detuvieron a observar el momento desde las inmediaciones.
El monarca visitó la exposición «España en los Estados Unidos. La contribución de los españoles y su ejército al surgimiento de una nación», una muestra inaugurada el pasado marzo que reúne más de 60 piezas y que podrá verse hasta el 12 de octubre. Le acompañaron la ministra de Defensa, Margarita Robles; el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page; y el alcalde de Toledo, Carlos Velázquez.
El operativo de seguridad no pasó desapercibido. Además del helicóptero, el Parque del Alcázar fue rastreado por efectivos con perros, mientras varios anillos policiales rodeaban el recinto. El tráfico habitual de una mañana de septiembre quedó completamente alterado.
Uno de los momentos más llamativos lo vivieron los pasajeros del tren turístico de la ciudad. Una familia procedente de Barcelona fue desalojada del vehículo con rapidez cuando este se aproximó a la zona acotada, como consecuencia directa del dispositivo desplegado.
La visita regia a Toledo llega en un momento de especial carga política. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció esta semana que el Rey visitará próximamente Ceuta y Melilla, en plena crisis migratoria en la frontera sur. Felipe VI no ha estado en Ceuta desde su llegada al trono en 2014, y su desplazamiento previsto tiene una notable dimensión simbólica en un momento delicado con Marruecos.
Toledo sirvió este viernes de escenario para la historia y la memoria. El Alcázar, testigo de tantos episodios de la ciudad, volvió a ser protagonista de una jornada que los toledanos difícilmente olvidarán por la inusual transformación que vivió su entorno durante la mañana.
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