El Racing de Santander sigue escribiendo su historia de regreso a la máxima categoría del fútbol español. Los cántabros superaron este viernes al Deportivo Alavés en los Campos de Sport de El Sardinero en un partido que dejó imágenes y declaraciones para el recuerdo.

Uno de los grandes protagonistas de la tarde fue Íñigo Vicente, el centrocampista conocido como el Mago de Derio, que volvió a brillar con la camiseta verdiblanca. Desde su llegada a Santander se ha convertido en uno de los pilares del proyecto, rechazando verano tras verano ofertas de otros clubes para seguir en El Sardinero.
Al término del encuentro, Vicente no ocultó su alegría ni su pasión por el club y por la ciudad. Sobre el ambiente en las gradas, fue contundente: «Aquí siempre hay este ambiente. ¡Esto es fútbol!». También lanzó un mensaje que resume el estado de ánimo de todo el vestuario: «Lo que necesitaba la Liga es que el Racing regresara a esta categoría».
El jugador fue especialmente consciente de la importancia de los puntos en casa. «La salvación pasa por casa», afirmó, en referencia a que el equipo sabe que el Sardinero debe ser una fortaleza si quiere mantenerse en Primera División.
El partido no fue sencillo. El Racing llegó a verse por detrás en el marcador, pero supo reponerse. Vicente valoró ese aspecto con realismo: «Cualquier error te cuesta un gol, pero hemos hecho un gran partido a pesar de empezar perdiendo».
El horizonte inmediato presenta dos desafíos de enorme dificultad. Los santanderinos deberán visitar el Camp Nou y el estadio de Balaídos en sus próximas dos salidas consecutivas. Lejos de achicarse, el mediocampista lo asumió con determinación: «Tenemos partidos difíciles y somos debutantes en la categoría, pero tenemos ambición y vamos a todos los partidos con muchas ganas».
En el mismo tono, completó su reflexión apelando a la humildad sin renunciar a la competitividad: «Salimos a cada partido sabiendo que es muy difícil ganar los tres puntos, pero con muchas ganas».
El Racing sigue construyendo su leyenda en la élite. El Sardinero volvió a demostrar que es uno de los rincones donde el fútbol todavía late con fuerza de verdad.



