Las obras del tren de alta velocidad entre Burgos y Vitoria siguen siendo el gran motor de la inversión pública en la provincia, que acaparó casi la mitad de toda la licitación registrada en Castilla y León durante los seis primeros meses de 2026.

Según los datos de la Cámara de Contratistas, entre enero y junio las administraciones públicas licitaron en la provincia proyectos por valor de 518,7 millones de euros. Una cifra que convierte a Burgos en la provincia con mayor peso inversor de la comunidad, con casi uno de cada dos euros licitados en el conjunto regional destinado a proyectos burgaleses.
El protagonismo, sin embargo, no es nuevo ni sorprendente. El grueso de esa inversión corresponde a los tres tramos del AVE licitados en ese periodo, lo que condiciona toda la estadística y sitúa a la provincia en una posición privilegiada pero poco representativa de su economía productiva real.
Y hay una sombra en esos datos. A pesar del volumen, la licitación pública en Burgos cayó un 5,5% respecto al mismo periodo del año anterior, que también estuvo marcado por las obras ferroviarias. Es decir, incluso con el AVE como palanca, la inversión pierde fuelle.
La buena noticia es que Adif tiene previsto licitar más tramos antes de que acabe el año, lo que podría compensar ese descenso en los meses que quedan.
Más allá de Burgos, el panorama en el conjunto de Castilla y León no invita al optimismo. Las constructoras reclaman que las administraciones inyecten más de 1.000 millones de euros en obra pública solo en lo que resta de 2026 para no quedar por debajo de los niveles de 2025, que ya fueron modestos.
El principal obstáculo es político y presupuestario. Ni el Gobierno central ni la Junta de Castilla y León cuentan con presupuestos propios para este año: ambas administraciones gobiernan con cuentas prorrogadas de 2023 y 2024, respectivamente. Esa parálisis presupuestaria tiene consecuencias directas sobre la capacidad de licitar nuevas obras.
En el otro extremo, los ayuntamientos y diputaciones sí están intentando mover sus proyectos, aunque se topan con otro problema: la dificultad para encontrar empresas dispuestas a ejecutar obras de pequeño importe.
Con el verano terminando, la presión sobre las administraciones para reactivar la maquinaria inversora crece. Burgos, de momento, puede seguir mirando al AVE para sostener sus cifras. Pero sin presupuestos claros y con la licitación regional en caída libre, el segundo semestre se presenta como una carrera contrarreloj.
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