La autopista más transitada de Cantabria acumula casi una década de obras eternas, sobrecostes y atascos sin fin

Más de 55.000 vehículos cruzan cada día el tramo de la A-67 que une Santander con Torrelavega. Es, probablemente, el asfalto más pisado de toda Cantabria. Y también, desde hace años, el escenario de una historia interminable de retrasos, presupuestos disparados y embotellamientos que han puesto a prueba la paciencia de miles de conductores.

La autopista más transitada de Cantabria acumula casi una década de obras eternas, sobrecostes y atascos sin fin

Todo empezó en agosto de 2018, cuando arrancaron las obras del nudo de Torrelavega, el ramal que debía conectar definitivamente la Autovía de la Meseta con la del Cantábrico. El proyecto prometía acabar con décadas de retenciones en ese cruce. El presupuesto inicial era de 109 millones de euros y el plazo, de 40 meses.

Ninguna de las dos previsiones se cumplió.

Los argayos en la zona de Barreda paralizaron los trabajos durante meses. Los túneles, diseñados con 422 metros de longitud cada uno, dieron más de un quebradero de cabeza. Cuando habían pasado doce de los cuarenta meses previstos, apenas se había ejecutado el cinco por ciento de la obra. Al final, el nudo entró en servicio el 21 de julio de 2025, con tres años y medio de retraso y un coste final de 160 millones de euros.

La inauguración trajo alivio en el nudo, pero los problemas se mudaron unos kilómetros más al norte, a la salida hacia Polanco. Los cuatro carriles que llegaban a ese punto se estrechaban en dos, justo en la zona donde las obras del tercer carril de la A-67 reducían aún más la calzada. El resultado fue un embudo diario que colapsó la circulación durante meses en uno de los accesos más industriales del corredor.

Ahora llega un nuevo capítulo. La empresa constructora encargada del tercer carril ha paralizado los trabajos alegando razones económicas, en lo que parece un desacuerdo con la Administración sobre el coste real de la obra. Las máquinas llevan tiempo paradas.

Sin embargo, fuentes jurídicas apuntan que la ley de contratos del sector público solo permite al contratista suspender una obra por impago superior a cuatro meses, y siempre con un mes de preaviso. No existe ningún amparo legal para detener los trabajos por discrepancias económicas o modificados en tramitación.

Mientras tanto, los conductores que recorren a diario este vial siguen esperando que alguien resuelva de una vez un problema que lleva casi una década sin solución definitiva.