La calle San Juan de Logroño pide al turismo que baje el volumen y respete al barrio

Los hosteleros de la emblemática calle San Juan de Logroño han lanzado una campaña para recordar que detrás de sus bares y sus pintxos también hay un barrio con vida propia, vecinos reales y una cultura del vino que no necesita alboroto para brillar.

La calle San Juan de Logroño pide al turismo que baje el volumen y respete al barrio

La iniciativa, impulsada por la Asociación de Hosteleros de la Calle San Juan, lleva por nombre ‘San Juan se saborea’ y se ha materializado en una colección de carteles distribuidos por la zona con mensajes directos y sin rodeos: ‘menos ruido, más sabor’, ‘el vino no necesita gritos’, ‘aquí aún vive un barrio’, ‘una calle viva no es un parque temático’ y ‘la gastronomía, el vino y la conversación necesitan otro ritmo’.

El objetivo no es ahuyentar al turista, sino educarlo. Desde la asociación dejan claro que la campaña no busca poner límites al turismo, sino recordar que la mejor experiencia nace del respeto por el lugar que se visita.

Y es que San Juan lleva años siendo uno de los principales focos de atracción gastronómica de la capital riojana, lo que ha traído consigo una afluencia creciente de visitantes que no siempre convive de forma armoniosa con el día a día del vecindario.

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Los hosteleros insisten en que la calle no se entiende únicamente por sus bares, sino por la forma en la que se vive. Detrás de cada establecimiento, señalan, hay vecinos que comparten portal, personas que madrugan y una comunidad que convive cada día con la actividad hostelera.

La propuesta apuesta por un turismo de calidad, pausado, que ponga en valor la oferta gastronómica, la cultura del vino y esa convivencia entre vecinos y visitantes que ha convertido a San Juan en un referente dentro y fuera de La Rioja.

La campaña llega en un momento especialmente oportuno, con las fiestas de San Mateo a la vuelta de la esquina y el consiguiente aumento de afluencia que cada año sacude el centro de Logroño.

Un mensaje sencillo y cargado de intención: disfrutar de San Juan con calma. Porque, como recuerdan sus hosteleros, lo que hace especial a este rincón de Logroño no se puede embotellar ni gritar, solo saborearse.