La zona hostelera de la calle San Juan ha dejado atrás su papel secundario para convertirse en una de las primeras opciones de los logroñeses durante las fiestas de San Mateo. Sus bares y sus terrazas ya no esperan a que llegue el público de rebajas, lo reciben de frente y con todo preparado.

Sergio Palacios, presidente de la Asociación de la Zona de la Calle San Juan y propietario del bar La Esquina, describe San Mateo como «un trabajo muy intenso en poco tiempo» y la semana de mayor afluencia del año. Este 2026, con el lunes festivo, la celebración se alarga hasta tres jornadas de gran intensidad.
«Los primeros años eran agobiantes pero ahora somos más previsores», reconoce Palacios. En La Esquina, nueve trabajadores se turnan para atender sin descanso desde las doce del mediodía. El pincho de tortilla, las piparras, el entrecot y la hamburguesita son los platos más demandados, no solo en fiestas sino durante todo el año.
Alberto Rodríguez, al frente del Torres, un local ya consolidado en la calle, confiesa que cada año llega a San Mateo con más ilusión. «Es la semana más concentrada, quizá la mejor del año», asegura. Su especialidad, el bocatita de calamares y el pincho de Wagyu, pueden alcanzar cientos de pedidos diarios.
Alberto también pone nombre al momento más exigente de las fiestas: el instante posterior al chupinazo. «La primera avalancha, tras el cohete, nos llega a nosotros y es fuerte», explica. Con años de experiencia a sus espaldas, el equipo ya sabe cómo responder a ese primer golpe de gentío.
Quien afronta su segundo San Mateo es Freddy Dugarte, propietario de La Tabernita. Su historia tiene un punto especial: abrió el local precisamente el día del chupinazo de 2025. «Lo vivimos a fuego puro. Abrimos y tiramos sobre la marcha porque estaba la gente esperando en la puerta», recuerda entre risas.
Este año, con el local ya rodado y el equipo reforzado, Freddy llega con otra actitud. Las hamburguesitas de chuletón y el vino de la tierra son sus señas de identidad. «Nunca uno está preparado para un San Mateo, pero como ya arrancamos con él…», bromea.
La calle San Juan celebra estas fiestas no solo como escenario de bullicio, sino como símbolo de una hostelería de barrio que ha ganado pulso propio en el corazón de Logroño.



