Las instituciones vascas llevan desde 2022 trabajando para que Bilbao y Donostia sean sedes del Mundial de fútbol de 2030, pero el pasado marzo recibieron un golpe inesperado: la FIFA no había tenido en cuenta ninguna de las condiciones que enviaron en 2024.

El proceso arrancó con ilusión. El Gobierno vasco, las diputaciones de Bizkaia y Gipuzkoa y los ayuntamientos de Bilbao y Donostia remitieron cartas a los organismos responsables mostrando su interés en acoger partidos del torneo. Durante dos años, las administraciones participaron en visitas técnicas, firmaron documentación y se mantuvieron dentro del procedimiento.
En mayo de 2024, la FIFA realizó una primera inspección sobre el terreno. No solo evaluó San Mamés y Anoeta, sino también la movilidad, las infraestructuras auxiliares y la capacidad operativa de ambas ciudades. Dos meses después, en julio, las instituciones aprovecharon para enviar junto a la documentación exigida un documento propio con sus condiciones y reservas.
Aquellas líneas rojas eran claras: no podían asumir las inversiones millonarias reclamadas en los estadios, rechazaban la prohibición de celebrar otros eventos durante el torneo, cuestionaban las exclusividades comerciales de la FIFA y exigían el reconocimiento del euskera como lengua cooficial en el marco del campeonato.
En diciembre de 2024, la FIFA confirmó que España, Portugal y Marruecos organizarían conjuntamente el Mundial de 2030. Bilbao y Donostia continuaron en el proceso, pero sus condiciones seguían sin respuesta.
El encuentro formal con las ciudades candidatas no llegó hasta noviembre de 2025, más de un año después del envío de aquellas observaciones. Aún entonces no había pronunciamiento alguno sobre lo planteado por las instituciones vascas.
El golpe definitivo llegó el 19 de marzo de 2026. Durante una segunda visita de representantes de la FIFA a San Mamés y Anoeta, las instituciones comprobaron que sus condiciones no habían sido tenidas en cuenta. La comunicación oficial posterior fue aún más dura: señalaba que ninguna de aquellas cuestiones había sido ni siquiera considerada.
La constatación obligó a replantear la estrategia. El resultado ha sido una candidatura vasca única, con San Mamés y Anoeta como sedes, y una negociación que, casi cuatro años después de sus inicios, sigue sin cerrarse.
La cronología completa ha podido reconstruirse gracias a la respuesta que el Gobierno vasco remitió al Parlamento a petición del PP vasco.
