La Lastrilla vive desde este domingo uno de sus momentos más esperados del año. El municipio segoviano arranca ocho días de celebración en honor a San Juan, con una programación que combina cultura, gastronomía, tradición y un marcado espíritu comunitario.

La alcaldesa, Elisabet Lázaro, no duda al describirlas: son las fiestas más especiales del año, las que los vecinos llevan esperando desde enero. Una cita que, según la regidora, refleja la propia identidad del pueblo, su alegría, su participación y su arraigo a la tradición.
Los ocho días se dividen en dos bloques. Los cuatro primeros corresponden a la semana cultural, y los cuatro siguientes son los de fiesta propiamente dicha. En ambos, la implicación de los vecinos es total: desde las peñas, que aportan colorido y energía día y noche, hasta las empresas colaboradoras y el propio personal municipal, incluido el equipo de gobierno.
Entre todos los actos del programa, la alcaldesa tiene claro cuál es el imprescindible: el cochinillo popular del domingo 23, la cena de clausura. Una tradición que lleva cerca de tres décadas cerrando las fiestas y que se ha convertido en seña de identidad de La Lastrilla. El plato más segoviano posible para despedir unos días que nadie quiere que acaben.
No será la única ocasión para sentarse a la mesa. A lo largo de las jornadas, los vecinos podrán disfrutar de una macarronada, huevos fritos con chorizo y lomo, paellada, cena de hamburguesas y un bocadillo solidario. Este último tiene un propósito concreto: los fondos recaudados irán destinados a sufragar parte de los trabajos pendientes de la iglesia local, el único monumento emblemático del municipio.
El paloteo, patrimonio inmaterial de la localidad, también tendrá su protagonismo en la procesión en honor a San Juan, recordando que la tradición sigue viva en un pueblo que, pese a ser muy joven, con una edad media de 40 años y un padrón que acaba de superar los 5.000 habitantes, no olvida sus raíces.
La proximidad a la capital segoviana ha impulsado ese crecimiento, pero no ha diluido lo que hace única a La Lastrilla: la capacidad de sus gentes para celebrar juntos, cuidar lo que les pertenece y mantener encendida la llama de sus fiestas año tras año.
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