La Nueva Flor y Nata cierra con precinto policial y deja sin dulce al corazón de Guadalajara

La pastelería más reconocida de la calle Mayor de Guadalajara permanece cerrada tras un precinto ejecutado por la Policía Local a requerimiento de Sanidad. El establecimiento, situado en el número 32 de la arteria comercial más transitada del casco histórico, luce desde este domingo un pequeño cartel rojo en la entrada que certifica la medida administrativa.

La Nueva Flor y Nata cierra con precinto policial y deja sin dulce al corazón de Guadalajara

La intervención se produjo en La Nueva Flor y Nata, el local que en enero de 2023 recuperó uno de los nombres más queridos de la memoria colectiva guadalajareña. Sus puertas cerradas y la fachada blanca con el rótulo dorado intacto ofrecen ahora una imagen poco habitual en una vía acostumbrada al ir y venir de vecinos, turistas y parroquianos de toda la vida.

Fuentes municipales han confirmado que el precinto fue ejecutado a instancias de las autoridades sanitarias, aunque no ha trascendido el motivo concreto del requerimiento. Por ello, no es posible atribuir al establecimiento una infracción determinada mientras no haya pronunciamiento oficial.

El cierre, en todo caso, no tiene que ser definitivo. Al tratarse de una medida administrativa, los responsables del negocio disponen de los plazos legales para presentar alegaciones, subsanar las posibles deficiencias detectadas o, si lo consideran oportuno, recurrir la decisión ante la justicia.

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El peso del nombre va mucho más allá del local actual. La antigua La Flor y Nata, vinculada a la familia Hernando, ocupó este mismo espacio durante más de un siglo. La historia arranca con la llegada de Antonio Hernando Guajardo a Guadalajara en 1880 y su entrada en el negocio de la pastelería hacia 1900. Sus bizcochos borrachos se convirtieron con el tiempo en una seña de identidad de la ciudad.

Aquella etapa terminó en noviembre de 2018, cuando la centenaria empresa echó el cierre definitivo tras 110 años de actividad, alegando dificultades económicas. El local permaneció vacío algo más de cuatro años.

La reapertura en enero de 2023 fue recibida con expectación. El nuevo proyecto, diferente en gestión pero heredero del nombre, combinaba panadería, pastelería y cafetería y recuperaba los tradicionales borrachitos como producto estrella. Había vuelto a formar parte de la rutina del centro: el desayuno, la merienda, el dulce del domingo.

Ahora la puerta no se abre. La calle Mayor pierde, al menos por el momento, uno de los establecimientos que más veces han acompañado el día a día de los guadalajareños. El rótulo dorado sigue en su sitio. Lo que nadie sabe todavía es cuándo volverá a encenderse la luz dentro.