La Plaza de Abastos de Castro Urdiales vuelve a latir con sus placeros históricos, aunque el conflicto judicial sigue abierto

La Plaza de Abastos de Castro Urdiales ha recuperado por fin el pulso que le faltaba. Las colas ante los mostradores, el intercambio de saludos entre vecinos y vendedores, y el trasiego constante de bolsas han transformado un recinto que durante sus primeras semanas de vida lucía prácticamente vacío.

La Plaza de Abastos de Castro Urdiales vuelve a latir con sus placeros históricos, aunque el conflicto judicial sigue abierto

El pasado 20 de julio llegaron los comerciantes que llevaban meses instalados en la denominada Plaza Nueva. Su incorporación ha supuesto un cambio radical en el ambiente del mercado, algo que los propios placeros de la primera hora notan directamente en sus ventas. «Desde que han venido hay más ambiente, está más animado y se vende más», reconocen desde uno de los puestos originales.

Son cinco los establecimientos históricos que han regresado, ocupando en total una decena de espacios: las pescaderías Maite y Glori, la Carnicería Guillermo Ruiz y Hermanos, el Café Bar La Plaza y la Frutería María. Su traslado, sin embargo, no fue voluntario. Llegaron de forma forzosa tras meses de enfrentamiento con el Ayuntamiento y con acciones judiciales que siguen activas.

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Loli Helguera, de Pescadería Gloria, lleva más de cuatro décadas ligada al mercado y no esconde su satisfacción. «Estábamos deseando volver después de tantas obras», afirma. De su antigua ubicación en la Plaza Nueva recuerda el progresivo deterioro: «Ya no había ni luz, era una cueva deprimente». El nuevo edificio, destaca, mejora la accesibilidad tanto para compradores como para vendedores.

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Aun así, el conflicto no ha desaparecido. «No tenemos las concesiones por escrito», advierte Helguera. «Seguimos en juicio, pero estábamos deseando volver. Las cosas se podrían haber hecho mejor por parte del Ayuntamiento», lamenta.

Alfredo Arredondo, de la Carnicería Guillermo Ruiz y Hermanos, suma otro problema: el espacio. Ha tenido que contratar dos puestos porque su maquinaria no cabía en uno solo. Con todo, valora el cambio. «Hay mucha gente, ambiente de mercado, que es lo que se buscaba», resume. Y compara con su etapa anterior: «Estaba dejado de la mano de Dios».

Los vecinos comparten esa sensación. En la cola de la carnicería, una clienta lo resume sin rodeos: «Así da gusto venir al mercado».

La Plaza de Abastos, renovada tras una inversión de 1,7 millones de euros y más de siete años de demoras, ha recuperado su esencia. Quedan puestos vacíos y pleitos pendientes, pero el mercado vuelve a ser mercado.