La remodelación de dos de las arterias más transitadas del sur de Logroño ha terminado por dividir a quienes viven y trabajan en la zona. Lo que prometía ser una mejora para peatones y ciclistas ha derivado en un malestar creciente que ya se escucha en portales, terrazas y comercios del barrio.

Las obras acometidas en las calles Lardero y Vitoria tenían como objetivo principal ganar espacio para quienes van a pie, reducir la velocidad del tráfico y favorecer una convivencia más ordenada entre los distintos usuarios de la vía pública. Sin embargo, una vez concluidos los trabajos, una parte significativa del vecindario asegura que el resultado no se parece en nada a lo que se les prometió.
La queja más repetida entre los afectados es contundente: lejos de modernizar el entorno urbano, la reforma ha supuesto, según sus palabras, un auténtico retroceso a los años 70. Accesos complicados, pérdida de plazas de aparcamiento y una distribución del espacio que muchos consideran poco funcional centran las críticas más habituales.
No todo el mundo comparte ese malestar. Otro sector del barrio valora positivamente los cambios, especialmente aquellos que se desplazan a diario a pie o en bicicleta y que perciben las calles algo más seguras y tranquilas que antes de la intervención.
La división, en cualquier caso, refleja el eterno debate que acompaña a este tipo de reformas urbanas: cómo equilibrar las necesidades del tráfico rodado con las de una movilidad cada vez más diversa, sin dejar a nadie con la sensación de haber salido perdiendo.
Los comerciantes de la zona también han levantado la voz. Algunos denuncian que la accesibilidad a sus locales se ha visto perjudicada y que la clientela que llegaba en coche tiene ahora más dificultades para aparcar en las inmediaciones.
El Ayuntamiento de Logroño, promotor de la actuación, deberá escuchar estas voces y valorar si procede introducir ajustes en la nueva configuración de las calles. Las reformas urbanas rara vez contentan a todos, pero cuando la insatisfacción es tan ruidosa y visible, ignorarla tampoco suele ser una buena opción.
Por ahora, las calles Lardero y Vitoria estrenadas y en controversia esperan que el tiempo y el uso cotidiano acaben por dar o quitar la razón a quienes las recorren cada día.



