No es casualidad ni mala suerte. Los incendios que estos días asolan los municipios del oeste de la Comunidad de Madrid, declarados ya emergencia de interés nacional, siguen un patrón que los expertos conocen bien y que los datos históricos llevan años confirmando. La Sierra Oeste es, por razones de suelo, vegetación y clima, la zona más proclive a arder de toda la región.

Municipios como San Martín de Valdeiglesias, Villa del Prado, Robledo de Chavela, Cadalso de los Vidrios o Pelayos de la Presa acumulan la mayor parte de los grandes incendios registrados en Madrid durante las últimas décadas. El de Cadalso de los Vidrios en 2019, con más de 2.200 hectáreas quemadas, era hasta ahora el más grave del siglo XXI en la región. El actual lo ha superado con creces, y la presidenta Isabel Díaz Ayuso lo ha calificado como el peor incendio de la historia de la Comunidad.
Pero ¿por qué siempre aquí? Los especialistas señalan varios factores que se combinan de forma especialmente peligrosa en esta franja del Sistema Central.
Esta zona linda con las provincias de Ávila y Toledo y coincide con el punto donde las sierras pierden altitud de forma pronunciada, llegando a hundirse cerca de mil metros. Eso significa mucho menos atracción de lluvia y tormentas. Al llover menos, los suelos retienen poco agua y pocos nutrientes, lo que favorece una vegetación más seca y más fácil de encender: encinas, pino pinaster y pino piñonero en lugar de las especies propias de alta montaña.
A esto se suma el contexto de los dos últimos años, marcados por lluvias abundantes que generaron una gran acumulación de masa vegetal, seguidas de un brusco parón en mayo y la llegada inmediata de un verano con calor intenso y baja humedad. Una combinación explosiva.
No menos importante es la presión humana. El atractivo paisajístico de esta zona ha generado durante décadas numerosas construcciones dispersas, muchas de ellas anteriores a una regulación urbanística moderna. Eso complica los accesos, distrae medios y multiplica los riesgos.
Los investigadores del CSIC advierten de que esto no es una sorpresa: llevamos años aumentando las temperaturas y las consecuencias eran previsibles. Lo que está ocurriendo en el oeste de Madrid no es una anomalía, sino una consecuencia anunciada del cambio climático que, si no se actúa, seguirá repitiéndose con mayor frecuencia e intensidad.
La Sierra Oeste vuelve a arder. Y los motivos, una vez más, estaban escritos.
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