La Universidad Internacional Menéndez Pelayo concluye los primeros cursos de verano bajo el mando de su nuevo rector, Ángel Pelayo, con un balance que él mismo califica de positivo y con dos grandes retos sobre la mesa: rejuvenecer su público y abrirse al mundo.

Pelayo llegó a la dirección de la institución en enero de este año y este verano ha supuesto su primera gran prueba al frente del histórico campus de La Magdalena y del de Las Llamas, en Santander. Más de cien cursos entre seminarios, talleres y escuelas han vertebrado una programación que ha girado en torno a grandes ejes como la inteligencia artificial, la geopolítica y el cambio climático.
El rector reconoce que parte del trabajo heredado del anterior equipo ha sido la base sobre la que construir este verano, pero también destaca las novedades incorporadas. Entre ellas, ciclos diseñados por y para jóvenes, así como espacios dedicados al feminismo, que según Pelayo marcan la dirección que quiere imprimir a la institución.
Con cerca de 5.000 alumnos pasando por sus aulas, una cifra similar a la del año anterior, los números acompañan. Sin embargo, el rector admite que atraer a un público más joven sigue siendo una asignatura pendiente. El nuevo ciclo Los jóvenes hablan, que busca que los propios estudiantes se expresen a través de nuevos medios y arrastren a más gente hacia la universidad, ha dado sus primeros pasos aunque todavía necesita tiempo para arraigar.
Desde algunos sindicatos, como UGT, se había expresado el temor a que septiembre trajera cambios estructurales en la organización de los cursos. Pelayo lo descarta de forma tajante: no hay nada de eso previsto, ni orientación ministerial al respecto. Según el rector, no tendría sentido introducir cambios de calado en plena vorágine del curso.
Ahora, con los últimos alumnos terminando de inscribirse esta misma semana, toca mirar al futuro. La internacionalización del campus y la captación de nuevo público son los dos pilares que guiarán la construcción de la programación de 2027, aunque Pelayo reconoce que apenas han tenido tiempo de ponerse con ello.
El verano de la UIMP deja, en cualquier caso, una imagen renovada de una institución que busca mantener su prestigio académico mientras ensancha sus puertas hacia nuevas generaciones y nuevos horizontes internacionales.



