La Universidad de Cantabria (UC) ha quedado fuera de la lista de las mil universidades más prestigiosas del planeta según el Ranking Académico de Universidades del Mundo (ARWU), conocido popularmente como el ranking de Shanghái, en su edición de 2026. El golpe llega apenas un año después de que la institución alcanzara su mejor posición histórica, situada entre los puestos 701 y 800 del mundo.

El retroceso no es un caso aislado de Cantabria. España, en su conjunto, ha perdido terreno en la clasificación: ocho universidades españolas han desaparecido de la tabla este año, mientras que solo dos nuevas se han incorporado, lo que supone un saldo negativo de seis posiciones para el sistema universitario nacional. Junto a la UC, también han caído Baleares, Jaén, Lleida, Carlos III de Madrid, Cádiz, Córdoba y Las Palmas de Gran Canaria. Las que entran son la Universidad Rey Juan Carlos y la de Valladolid.
La vicerrectora de Coordinación y Comunicación de la UC, Mar Marcos, ha calificado la noticia de «mala», aunque ha pedido analizarla con perspectiva. El ARWU es una clasificación «muy volátil» para los centros situados en la parte baja de la tabla, como era el caso de la institución cántabra. El ejemplo de Valladolid, que cayó en 2025 y ahora regresa, ilustra bien esa inestabilidad.
El fondo del problema tiene nombre propio: el avance imparable de las universidades chinas, que ganan posiciones edición tras edición y empujan hacia abajo a los centros europeos. Los criterios del ranking —número de premios Nobel entre alumnos y profesores, investigadores altamente citados y publicaciones en revistas como Nature o Science— favorecen a instituciones con décadas de tradición científica y grandes bolsas de financiación.
Ante esta realidad, la UC ya trabaja en soluciones concretas. La más inmediata es la creación de la Oficina de Captación de Proyectos Internacionales (Ocapi), diseñada para atraer más fondos de investigación. La vicerrectora también ha reclamado el apoyo del Gobierno regional y ha abierto la puerta a repensar el modelo de financiación, incluyendo la inversión privada y las donaciones.
La universidad llevaba ocho años consecutivos presente en el ranking, un mérito nada menor para una institución de tamaño mediano. Ahora toca reconstruir ese camino con más músculo económico y mayor proyección internacional. La caída duele, pero en la UC prefieren verla como punto de partida.
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