La Virgen del Puerto surca la bahía de Santoña entre el fervor y la emoción de su gente

Santoña vivió este lunes una de sus jornadas más sentidas del año. La procesión de la Virgen del Puerto, conocida cariñosamente como la Morenuca, volvió a congregar a cientos de vecinos en las calles y en el agua, en una celebración cargada de tradición, devoción y orgullo marinero.

La Virgen del Puerto surca la bahía de Santoña entre el fervor y la emoción de su gente

Poco después de las seis de la tarde, la imagen salió del templo ataviada con su manto verde y dorado, recibida por una multitud que alzó sus teléfonos para inmortalizar el momento. De fondo sonaba el himno nacional. Para muchos, ese instante es el más esperado del año.

Primitiva López, de 80 años, no faltó a la cita. Desde su silla de ruedas, y con los ojos húmedos, asistió al paso de la patrona que tantos años escoltó a pie. Su hija la acompañó sabiendo lo mucho que significa ese momento para ella. «Es nuestra patrona y la queremos mucho», dijo Primitiva, que este año también vio cumplido su deseo de verla con el manto verde.

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La comitiva recorrió las calles de la villa hasta el muelle pesquero, amenizada por el Coro Corpus Christi de Gama, con pito y tambor. Un grupo de santoñesas portando banderas de países hispanoamericanos, vestidas con sus faldas azul mahón, abrió el paso como marca la tradición.

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En el puerto, la imagen fue llevada ante la placa en memoria del pescador desaparecido Fernando Solano, un homenaje que se hace extensivo a todas las gentes del mar.

El pesquero Noche de Paz fue el elegido para llevar a la Morenuca por las aguas de la bahía. Su armador, Manuel Vinatea, tomó el timón con lo que él mismo calificó de «todo un honor». Frente a la Machina, se bendijo a los barcos entre vítores, serpentinas y cánticos. El cielo gris no pudo apagar el brillo de la festividad.

Ya en tierra, la jornada se cerró con la Salve Marinera junto a la Cofradía y, en la plaza San Antonio, con la Salve Rociera entre aplausos y palmas dedicadas a la «reina de la bahía».

Una vez más, Santoña demostró que su vínculo con la Virgen del Puerto va mucho más allá de la religión. Es identidad, es memoria, es mar.