Aranda de Duero ha vuelto a demostrar que sabe celebrar como pocos. Las fiestas patronales de la localidad ribereña han dejado atrás otra edición cargada de ambiente, música y convivencia, con unas calles que no dieron tregua durante los días que duró la celebración.

Al término de los festejos, José Antonio Fuertes, uno de los responsables de su organización, quiso destacar públicamente el alto nivel de implicación ciudadana registrado a lo largo de toda la programación. En sus palabras, la respuesta de los vecinos y visitantes superó las expectativas previstas, consolidando así el carácter popular que caracteriza a estas fiestas.
El balance general es positivo. Las distintas actividades organizadas para todos los públicos lograron congregar a miles de personas en un ambiente de normalidad y alegría, sin incidentes reseñables que empañaran el desarrollo de los actos.
La participación masiva en los eventos más tradicionales fue uno de los aspectos más valorados. Desde los primeros compases de las fiestas hasta el cierre, los espacios habilitados se llenaron de arandinos dispuestos a disfrutar de unos días que, año tras año, refuerzan el tejido social de la ciudad.
Fuertes también aprovechó para agradecer el trabajo de los voluntarios, las peñas locales y todos los colectivos que contribuyen a que la maquinaria festiva funcione con precisión. Sin su implicación, subrayó, sería imposible sostener una programación de este nivel.
La ciudad del Ribera del Duero cierra así otro capítulo festivo con la satisfacción de quien siente que el esfuerzo colectivo da sus frutos. Los vecinos ya miran hacia la próxima edición con la misma ilusión de siempre, conscientes de que estas celebraciones son mucho más que un paréntesis en el calendario: son el latido mismo de Aranda.



