La maquinaria ya trabaja en el barrio de Monte para urbanizar los terrenos donde Real de Piasca levantará hasta medio centenar de pisos en los próximos meses. La actuación, que comenzó a tramitarse hace casi dos décadas, ha reactivado el debate vecinal por el impacto que tendrá en el entorno del colegio Jardín de África.

El Pleno del Ayuntamiento de Santander aprobó el estudio de detalle que ampara esta promoción en 2010, aunque no ha sido hasta ahora cuando han comenzado los movimientos de tierra. Según recoge ese documento, la promotora podrá construir un máximo de 50 viviendas distribuidas en varios edificios de tres plantas al norte de la parcela y uno más en la parte sur, con la posibilidad de añadir un inmueble adicional de dos alturas. Todas las edificaciones contarán con garajes y se conservarán las dos viviendas preexistentes dentro de la finca.
Lo que más está generando malestar entre los vecinos es la construcción de un nuevo vial que rodeará la urbanización. Para ensanchar la carretera existente ha sido necesario recortar una parte del patio del Jardín de África y eliminar un tramo del aparcamiento del restaurante A mi manera. Junto al límite del centro escolar ya se levanta un muro de contención para sujetar la tierra removida.
Real de Piasca, que ha registrado un ritmo de actividad más lento que otras promotoras en los últimos años, tiene también en marcha otra urbanización en San Román de la Llanilla. Se trata del proyecto Las Calabazas, que arrancó este mismo enero tras varios años paralizado. La empresa tuvo que encarecer los precios casi un 50% respecto a los acuerdos iniciales, lo que obligó a muchos compradores que ya habían pagado una reserva a renunciar a su vivienda.
Monte y Cueto son, junto a Peñacastillo, las zonas de Santander con mayor crecimiento en obra nueva. Hace apenas un mes, se aprobó otra junta de compensación en la zona, liderada por Robera 2000, para levantar alrededor de cien viviendas entre las calles Ernest Lluch, Antonio de la Dehesa y la S-20.
La imagen de estos barrios está cambiando a pasos agigantados. Las grúas conviven ya con los huertos y las casas de toda la vida que durante décadas definieron Monte y Cueto. A diferencia de los grandes bloques de la S-20, las nuevas construcciones del norte mantienen alturas más contenidas, pero su impacto en el tejido urbano y social del barrio es inevitable y crece con cada nueva promoción que se pone en marcha.
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