Las fiestas de Corera arrancaron este jueves de la peor manera posible. Las intensas tormentas que descargaron durante la tarde sobre la zona de Sierra La Hez provocaron el desbordamiento de varios barrancos, que arrastraron grandes cantidades de agua, barro y piedras hasta distintas calles del municipio riojano, alterando por completo el inicio de los festejos populares.

Las lluvias, de carácter torrencial, cogieron por sorpresa a vecinos y visitantes que ya se encontraban en el pueblo dispuestos a disfrutar de los primeros actos de las celebraciones. En cuestión de minutos, el agua comenzó a bajar con fuerza desde las laderas, desbordando los cauces naturales y alcanzando zonas urbanas que quedaron anegadas bajo una mezcla de lodo y piedras.
Ante la gravedad de la situación, el Ayuntamiento tomó la decisión de suspender los actos programados para esa jornada, dando prioridad a la seguridad de todos los presentes. La medida, aunque dolorosa para un municipio que llevaba semanas preparando sus fiestas, fue valorada por los propios vecinos como la única opción responsable.
Los servicios municipales y de emergencias se movilizaron rápidamente para evaluar los daños y tratar de restablecer la normalidad en las calles afectadas. El barro acumulado dificultaba el tránsito por varias zonas del pueblo, y las labores de limpieza y achique se extendieron durante horas.
No es la primera vez que los barrancos de la zona protagonizan episodios de este tipo cuando las lluvias son especialmente intensas. La orografía del entorno y la proximidad de Sierra La Hez convierten a Corera en un enclave especialmente vulnerable ante tormentas de estas características.
Los vecinos esperaban que, tras las tareas de limpieza, las fiestas pudieran retomarse en los días siguientes sin mayores contratiempos. La ilusión de recuperar la normalidad festiva se mezclaba con la preocupación por los daños materiales causados y por la situación de algunas calles y accesos del municipio.
Un inicio de fiestas que nadie olvidará fácilmente en Corera, aunque el deseo de todos es que lo que recuerden, al final, sean los momentos de celebración y no las horas en las que el agua se adueñó del pueblo.
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