Localidades del interior y la costa de Valencia han comenzado a cuantificar los daños causados por las violentas tormentas que sacudieron la provincia el pasado jueves por la tarde. Viento huracanado, lluvia torrencial y granizo cayeron en apenas quince minutos sobre varios municipios, dejando un rastro de desperfectos que aún se está evaluando.

Alzira fue uno de los lugares más castigados. Su alcalde en funciones, Enrique Montalvá, describió lo ocurrido como un «diluvio de agua y viento» que llegó antes de lo previsto: se esperaba a las cuatro de la tarde y se adelantó a la una. Las rachas alcanzaron los 146 kilómetros por hora, arrancando árboles por toda la ciudad, volando techos de naves industriales y derribando parte del techo de la parroquia de Santa Catalina sobre una calle colindante y una vivienda adyacente.
El párroco del templo, un edificio con raíces en el siglo XIII, calificó los daños de «espectaculares» por afectar a uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad. Una vecina que vive justo al lado contó que estaba cocinando cuando escuchó el estruendo: «Se acababa el mundo», dijo. Desde entonces lleva sin luz por la caída de cascotes sobre el cableado de la calle.
En Cullera, el alcalde Jordi Mayor informó de que los servicios municipales trabajan para recuperar la normalidad tras registrarse rachas de más de 132 kilómetros por hora. Los parques y zonas verdes permanecerán cerrados hasta que se compruebe que no hay riesgo de caída de ramas. La tormenta también complicó el tráfico en carreteras como la autovía que une Cullera con Sueca, donde la visibilidad era prácticamente nula. Las temperaturas cayeron de golpe hasta los 19 grados, cuando el día anterior se habían alcanzado los 36.
El presidente de la Diputación de Valencia señaló que la mayor parte de las intervenciones del Consorcio Provincial de Bomberos se concentraron en la comarca de la Ribera, con actuaciones en Alzira, Carcaixent y Guadassuar para retirar árboles y sanear las zonas más afectadas.
El campo valenciano también acusa el golpe. La Unió de Llauradors i Ramaders advierte de daños importantes en cultivos de caqui en la Ribera, aunque la valoración definitiva no estará lista hasta la próxima semana. Uno de los rayos de la tormenta provocó además el incendio forestal de Segorbe, añadiendo aún más gravedad a un episodio que los propios vecinos describen como algo nunca visto.
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