El pisado de la uva volvió a conquistar el corazón de Lerma este sábado. La Plaza del Mercado Viejo acogió una nueva edición de la Fiesta de la Vendimia y la Feria del Vino Arlanza, que en esta ocasión llegó antes de lo habitual para asegurar el buen tiempo y reunir al mayor número posible de visitantes.

Un gran lagar instalado junto al templete fue el protagonista indiscutible de la jornada. A su alrededor, cajas repletas de racimos recién cortados de los viñedos de la comarca esperaban su turno para ser pisados siguiendo el método más ancestral que existe.
La organización optó por adelantar las fechas con una razón clara. «Nuestro objetivo reside en popularizar el consumo del Arlanza y llegar al mayor público posible. Ahora todavía los peques no han empezado el cole, el pueblo está animado y la gente tiene ganas, sigue en modo vacaciones», explicó Ramiro García, presidente del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Arlanza, que agrupa viñedos de varios municipios de Burgos y Palencia.
El primer mosto de la temporada brotó cuando María Fernanda Ríos y Saray Ortega subieron al lagar y comenzaron a pisar los racimos. El zumo se recogía en un barreño para que los presentes pudieran degustarlo en el momento. Ambas jóvenes se enfrentaban por primera vez a esta tarea tradicional y lo hacían con entusiasmo.
«No podían venir las reinas, así que hemos decidido hacerlo nosotras, que somos quintas, para apoyar las tradiciones y colaborar con el pueblo. La uva estaba un poco fría, pero ha estado bien», contaba María Fernanda. Su amiga Saray añadía un motivo especial: «A mí me hacía especial ilusión porque mi padre es viticultor y ha ganado un reconocimiento hoy. Me parecía bonito participar en la fiesta y me ha gustado mucho».
El momento más emotivo tuvo su réplica más divertida entre los más pequeños. Varios niños hicieron cola en las escaleras del templete para relevar a las jóvenes y pisar también las uvas, convirtiendo el acto en una fiesta para todas las edades.
Esta XXVII edición vuelve a demostrar que la vendimia en la comarca del Arlanza es mucho más que una actividad agrícola. Es un punto de encuentro entre generaciones, una forma de mantener viva la cultura del vino y un motivo para que el orgullo local se desborde, literalmente, en cada barreño de mosto.



