Los ganaderos del valle de Anievas llevan días con la alarma encendida. La renovación de la señalética en la carretera que atraviesa el municipio, limitando el paso a vehículos de más de 16 toneladas, ha desatado una crisis que el alcalde, Agustín Pernía, del PRC, califica sin rodeos de «extrema necesidad».

La medida afecta de lleno a los camiones que transportan forraje y alimento para el ganado, piezas clave en una economía local que depende casi en exclusiva del sector primario. Sin esos transportes, las reses se quedan sin comer. Así de crudo lo plantea el regidor, que lleva días reclamando soluciones urgentes a la Consejería de Fomento.
Desde la Dirección General de Obras Públicas reconocen que la limitación de tonelaje en la CA-271 no es nueva, sino que existe desde hace tiempo. Sin embargo, admiten que la señalización se ha reforzado recientemente tras dos accidentes protagonizados por grandes vehículos en las inmediaciones del Portillón. A eso añaden que los camiones de gran tamaño no cuentan con espacios adecuados para dar la vuelta con seguridad.
El alcalde no comparte ese argumento. Señala dos puntos concretos donde los vehículos podrían realizar el cambio de sentido sin problemas: la entrada al pueblo de Barriopalacio y el acceso a Villasuso, donde asegura que con un arreglo mínimo la maniobra sería perfectamente viable.
Tampoco ve solución en la alternativa que propone la administración regional: solicitar un permiso especial previo para el paso de camiones en circunstancias excepcionales. Pernía lo rechaza porque los plazos de tramitación no encajan con la urgencia real del campo. «Si el ganadero necesita el alimento para sus reses, ya tiene que esperar a que el camión vaya a buscarlo a Castilla y vuelva. Si encima tiene que pedir un permiso que puede tardar varios días, eso no es ninguna solución», advierte.
El problema no se limita al ganado. El alcalde recuerda que la restricción también impide a algunos autobuses llegar a sus paradas habituales en un valle que ya cuenta con pocas conexiones de transporte público.
El regidor termina lanzando una pregunta directa a quienes tienen la responsabilidad de actuar: quién se hará cargo de las consecuencias si el forraje no llega a tiempo y los animales mueren.
La situación en Anievas pone sobre la mesa una tensión ya conocida en muchos municipios rurales de Cantabria: la distancia entre las normas que llegan desde los despachos y la realidad que vive cada día el campo.



