El presidente del Gobierno visitó ayer el puesto de mando avanzado instalado en Navaluenga para seguir de cerca la evolución de los incendios que siguen amenazando la provincia de Ávila y la sierra oeste de Madrid.

Pedro Sánchez compareció junto al presidente de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, y el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, para trasladar un mensaje de cautela pero también de cierto alivio. La noche, según sus propias palabras, «ha sido muy positiva», aunque advirtió que aún «quedan horas complejas» por delante.
Las autoridades piden a los vecinos que extremen la precaución y que se informen únicamente a través de los canales institucionales y los medios de comunicación. Los efectivos desplegados sobre el terreno trabajan para consolidar los espacios que ya lograron asegurar durante las últimas horas.
El mando unificado que coordina los trabajos en Ávila y la sierra madrileña ha incorporado recientemente a la Junta de Castilla-La Mancha, dado que el fuego ha extendido sus consecuencias hasta la provincia de Toledo. También participan en las labores de extinción equipos llegados desde Extremadura, Galicia, Asturias y Portugal.
El Consejo de Ministros tiene previsto aprobar este martes un real decreto para declarar como «zonas gravemente afectadas por emergencias de protección civil» todas las áreas dañadas por los incendios, lo que abrirá la puerta a ayudas y medidas de reconstrucción.
Las cifras que maneja el Gobierno son alarmantes. En menos de 24 horas, las hectáreas calcinadas por los 32 grandes incendios registrados en lo que va de 2026 han pasado de 130.000 a 150.000. Una cifra que multiplica por seis la del año pasado, que ya fue considerado un ejercicio especialmente grave.
Ante estos datos, Sánchez reclamó una reflexión colectiva y apeló a la necesidad de alcanzar un gran pacto de Estado frente a la emergencia climática, implicando a todas las administraciones, pero también a la sociedad civil. «Prevención, respuesta y reconstrucción», resumió el presidente, subrayando que la magnitud y el comportamiento actual de los incendios responde a una realidad climática que la ciencia lleva años advirtiendo.
La prioridad, insistió, sigue siendo la misma: salvar vidas, proteger los núcleos de población y combatir las llamas con todos los medios disponibles.
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