El conflicto laboral en el Centro de Bienestar Animal de Son Reus escala de forma notable. El sindicato UGT Servicios Públicos ha denunciado públicamente que responsables del área de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Palma están acudiendo personalmente a las instalaciones para realizar las tareas que corresponden a los operarios en huelga, con el objetivo de permitir que voluntarios saquen a pasear a los perros.

Desde el sindicato califican esta situación de «esquirolaje externo» y la consideran una práctica inaceptable que vulnera de forma flagrante el derecho a huelga de los trabajadores.
La plantilla de la perrera lleva en paro indefinido desde el pasado lunes, reclamando mejoras laborales que pongan fin a lo que describen como una situación de «grave precariedad e inseguridad». Según UGT, el seguimiento de la huelga está siendo del cien por cien, y los empleados están cumpliendo con los servicios mínimos decretados, algo que el sindicato destaca como muestra de «altísima responsabilidad».
Sin embargo, no todo son reproches hacia el cuidado de los animales. Desde UGT reconocen que se alegran de que los perros puedan salir a pasear y disfrutar de atención, aunque insisten en que el modo en que esto se está consiguiendo resulta del todo inaceptable desde el punto de vista laboral y legal.
A las acusaciones de esquirolaje, el sindicato suma otra denuncia grave: afirman que ciertos cargos municipales están «infundiendo sistemáticamente mentiras y falsedades» entre la plantilla con la intención de presionarles para que abandonen sus reivindicaciones.
Por el momento, UGT sigue esperando una respuesta formal por parte del Ayuntamiento. La empresa adjudicataria del servicio, Athisa, ya ha trasladado las demandas de los trabajadores a Cort, y el sindicato confía en que se convoque una reunión lo antes posible para buscar una salida negociada al conflicto.
El caso pone de relieve la difícil situación que viven muchos trabajadores en servicios municipales externalizados, donde las condiciones laborales quedan frecuentemente en un segundo plano frente a la continuidad del servicio. Los empleados de Son Reus esperan que el diálogo se abra antes de que la tensión siga creciendo.



