El Gobierno central dio un paso sin precedentes recientes al declarar la emergencia de interés nacional en la Comunidad de Madrid y en Ávila, después de que tres incendios forestales activos se negaran a ceder ante los esfuerzos de cientos de profesionales que llevan días combatiendo el fuego sin descanso.

Los focos afectan a los términos municipales de Villa del Prado y San Martín de Valdeiglesias, en la región madrileña, y a Burgohondo, en la provincia abulense. A primera hora del viernes, ninguno de los tres estaba perimetrado ni controlado, a pesar de que los trabajos nocturnos lograron ciertos avances sobre el terreno.
Más de 270 efectivos entre bomberos, agentes forestales y militares de la Unidad Militar de Emergencias llevan jornadas extenuantes intentando frenar unas llamas que, lejos de remitir, amenazan con complicarse aún más. El principal enemigo este viernes es el viento, que según los servicios meteorológicos puede dificultar gravemente las labores de extinción durante las próximas horas.
La cifra de evacuados supera ya las 10.000 personas. Vecinos de Aldea del Fresno, Villa del Prado, Pelayos de la Presa y San Martín de Valdeiglesias han tenido que abandonar sus hogares de manera urgente, muchos de ellos en mitad de la noche, con lo puesto y sin saber cuándo podrán regresar.
El sistema sanitario también está respondiendo al desafío. El SUMMA112 mantuvo dispositivos preventivos durante toda la noche, atendiendo especialmente a personas con enfermedades crónicas entre los desplazados. La red hospitalaria de la región ha habilitado más de 600 camas para hacer frente a posibles necesidades derivadas de la emergencia.
El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, firmó la declaración de emergencia nacional como respuesta directa a la evolución de los incendios, una medida que permite coordinar y movilizar recursos del Estado de forma centralizada y más ágil.
Los municipios afectados viven horas de máxima tensión. Miles de familias madrileñas esperan noticias mientras el humo sigue tiñendo el cielo de una región que, en pleno verano, se enfrenta a uno de los episodios de incendios más graves de los últimos años.
Las próximas horas serán decisivas. Todo dependerá de que el viento amaine y de que los medios aéreos puedan retomar su trabajo con la luz del día.



