Hay aficionados y hay aficionados. Matías Mata pertenece a una categoría aparte. Con 93 años recién cumplidos, este leonés lleva 79 siendo socio de la Cultural Leonesa, club al que llegó con solo 14 años de la mano de su hermano mayor y del que ya no se ha separado jamás.

Desde hace algo más de un año, Matías luce el carné número 1 del club. Una distinción que no buscó, sino que llegó sola, como el resultado natural de toda una vida entregada a los colores blancos y azules. Su hijo Emilio lo resume con orgullo y con una sonrisa: «¡Desde los 14 años y tiene 93!».
Matías vive actualmente en una residencia, y en su habitación la presencia de la Cultural se cuela por cada rincón. Los recuerdos de décadas en la grada conviven con fotos, recortes y objetos que cuentan, sin palabras, la historia de una pasión que ni el tiempo ha podido apagar.
Cuando era joven y el dinero escaseaba, la afición encontraba sus propios caminos. «Como eran chavales y no tenían dinero, debía haber unas tapias y unos árboles al lado y se subían allí para ver el fútbol sin pagar», recuerda Emilio. Ni el frío del invierno leonés ni las estrecheces económicas podían alejar a Matías del campo.
Porque su compromiso iba mucho más allá de los domingos. Acudía a los entrenamientos, a los partidillos de los jueves y a los partidos de los juveniles. Todo lo relacionado con el club encontraba su hueco en una agenda que compaginaba con el negocio familiar de pescadería. «Si no era por algo urgente, yo no perdía ningún partido. Iba siempre», recuerda él mismo. Su mujer, que lo escucha, lo confirma sin dudar: «Era lo que le gustaba y yo nunca le dije que no».
La pasión fue también un lazo familiar. Su hermano mayor, maestro de pueblo, les contaba en casa las historias del equipo. Después el gusanillo fue pasando de uno a otro. «Éramos todos de la Cultural», dice Matías. Y esa afición compartida forjó también amistades: aquellos «locos» que, como él, plantaban cara al termómetro para no perderse un partido se convirtieron con el tiempo en amigos de toda la vida.
En su memoria desfilan nombres de distintas épocas: Gerardo, Manzanedo, Ramonín, Ribo, Herrero, Primi, Ovalle… Jugadores que forman parte de una historia que Matías ha vivido desde dentro de la grada, partido a partido, durante casi ocho décadas.
Una historia de fidelidad que León no debería olvidar.



