Los Encuentros Folclóricos Ciudad de Miranda llegan este sábado a su fin con una velada que reunirá en el parque Antonio Machado a dos grupos de raíces bien distintas pero con un mismo propósito: mantener vivo el patrimonio cultural popular.

Miranda de Ebro cierra su mes de folclore con Anduriña y el grupo riojano Colectores en el parque Antonio Machado

La cita, que arranca a las 20:00 horas, pondrá el broche de oro a un ciclo que durante las últimas semanas ha llenado de música, baile y trajes regionales las noches de verano de la ciudad del Ebro.

El grupo local Anduriña ejercerá de anfitrión en esta tercera y última jornada, actuando ante el público mirandés que le ha acompañado en ediciones anteriores. El relevo lo tomará el Grupo de Danzas Colectores, procedente de Calahorra, que traerá hasta Miranda el folclore riojano para cerrar el ciclo con un colofón de tradición y raíces.

Esta última cita llega tras dos jornadas que dejaron un buen sabor de boca entre los asistentes. Jacinto Sarmiento y Familia Castellana, junto a Tierra Noble, abrieron el ciclo, al que siguió la participación del grupo valenciano Realenc en la segunda velada. Un recorrido por la geografía folclórica española que ha demostrado, una vez más, la riqueza y diversidad de las tradiciones populares de este país.

El calor protagonista del verano ha acompañado el desarrollo de la programación desde el primer día, creando un ambiente propicio para el disfrute al aire libre. Sin embargo, la jornada de cierre llega con nubarrones en el horizonte. Las previsiones meteorológicas apuntan a posibles precipitaciones durante la tarde, aunque también existe la posibilidad de una mejoría justo a la hora del espectáculo. La meteorología tendrá, en cualquier caso, la última palabra.

Más allá de la incertidumbre del tiempo, los Encuentros Folclóricos han cumplido de nuevo con su esencia: tender puentes entre territorios a través de costumbres compartidas, ritmos heredados y una identidad colectiva que se expresa mejor cuando se celebra en comunidad.

Miranda de Ebro se ha convertido, un verano más, en ese punto de encuentro donde la música y el baile tradicional recuerdan que la cultura popular no solo se conserva en los libros, sino en los pies que danzan y las voces que cantan.