La avenida Párroco Heriberto Ampudia Caballero, una de las arterias principales de Trobajo del Camino, en San Andrés del Rabanedo, vive estos días su particular transformación. El Ayuntamiento ha puesto en marcha una reforma del asfaltado que, lejos de contentar a todos, ha abierto un debate entre los vecinos sobre el cómo, el cuándo y el hasta dónde llegan estas obras.

Los trabajos, financiados con un presupuesto de más de 272.000 euros destinados a varias calles del municipio, consistieron en un fresado durante la noche del domingo al lunes y un asfaltado en la noche siguiente. Solo queda pendiente la señalización horizontal y la pintura. Desde el Ayuntamiento aseguran que las obras van incluso más rápido de lo previsto.
Sin embargo, el horario nocturno, de las nueve de la noche a las seis de la mañana, no ha sentado bien a todos. «Es molesto, porque han sido noches de entresemana y la mayoría tenemos que trabajar», lamenta Gregorio Santamaría, vecino de la propia avenida. El concejal de Urbanismo, Alejandro Calvo, defiende la decisión argumentando que ese horario minimiza el impacto en el tráfico y que el calor veraniego garantiza un buen sellado del asfalto.
Otros vecinos, en cambio, lo valoran positivamente. Mónica Ginés, presidenta de la comunidad de los bloques 23-25, reconoce que es una faena para quienes tienen las habitaciones orientadas a la calle, pero considera que el impacto global es menor que si se hubieran realizado de día.
Otra fuente de malestar es que la actuación solo ha abarcado los dos carriles exteriores, dejando los dos centrales sin tocar. «Es una cutrez, no se tendría que hacer así», critica Santamaría. El concejal de Urbanismo admite que es una cuestión presupuestaria: asfaltar los cuatro carriles habría dejado sin fondos al resto de vías previstas. Eso sí, en los tramos previos a las rotondas sí se actuó en todos los carriles, donde los socavones representaban un peligro real.
El debate más urgente, no obstante, es el de la velocidad. En una vía con límite de 30 kilómetros por hora, el marcador luminoso instalado en la acera rara vez registra un vehículo que respete ese tope. Los vecinos reclaman badenes. «De noche los ves que igual van a 100. Hay un parque infantil y detrás un colegio. Es muy peligroso», advierte Santamaría.
«Aquí hay muchos accidentes. Al final un día pasa algo grave», sentencia Mónica Ginés. Una advertencia que, una vez estrenado el asfalto, no debería quedar en el olvido.
