Ribadelago sale a la calle para exigir agua potable, carreteras dignas y que nadie olvide la tragedia de 1959

Los vecinos de Ribadelago se manifestaron este sábado 8 de agosto para reclamar a las administraciones mejoras urgentes en infraestructuras, servicios básicos y la protección de un pueblo que carga con una historia imborrable y denuncia años de abandono institucional.

Ribadelago sale a la calle para exigir agua potable, carreteras dignas y que nadie olvide la tragedia de 1959

La marcha arrancó a las 19.30 horas desde La Moral, en Ribadelago Viejo, y concluyó en Ribadelago Nuevo. El lema que guió la movilización lo dice todo: «La tragedia pasó. El abandono continúa. Por un futuro digno para Ribadelago».

Los convocantes insistieron en que sus demandas no son caprichos ni peticiones extraordinarias, sino derechos básicos que cualquier ciudadano del país debería tener garantizados con independencia del lugar donde viva.

Entre las exigencias más urgentes destaca la reparación del camino público de La Retuerta, el tramo que une Ribadelago Viejo con Ribadelago Nuevo y que hoy acumula socavones y baches que dificultan el día a día de residentes y visitantes.

También preocupa seriamente el agua. Los vecinos de Ribadelago Nuevo llevan tiempo reclamando garantías claras sobre la potabilidad del suministro, una cuestión que, aseguran, sigue sin resolverse pese al coste que les supone el servicio.

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A estas demandas se añade la falta de limpieza y mantenimiento de los espacios públicos, algo que resulta especialmente llamativo en un municipio enclavado en el Parque Natural del Lago de Sanabria, uno de los entornos naturales más valiosos de Castilla y León.

Las telecomunicaciones tampoco escapan a la lista de carencias. Ribadelago Viejo sigue sin fibra óptica, y los residentes denuncian problemas para recibir con normalidad canales de televisión y emisoras de radio. Un aislamiento digital que se suma al geográfico.

Pero hay un punto que toca especialmente la memoria colectiva: el estado de Ribadelago Viejo, escenario de la catástrofe de 1959, cuando la rotura de la presa de Vega de Tera causó una de las mayores tragedias de la España contemporánea. Los vecinos defienden que ese lugar debe convertirse en un espacio de memoria digno, cuidado y preservado para las generaciones futuras.

La prevención de incendios forestales completa el cuadro de reivindicaciones. Tras los graves fuegos del año pasado, los convocantes exigen que los alrededores del municipio se mantengan limpios y desbrozados para evitar que la historia se repita.

Con paso firme y voz serena, Ribadelago dejó claro este sábado que no está dispuesto a seguir esperando.