El Ayuntamiento de Salamanca ha defendido los cambios en la distribución de casetas de la Feria de Día, una de las citas más populares de las fiestas patronales en honor a la Virgen de la Vega, argumentando que las modificaciones responden a exigencias directas de la Comisión de Patrimonio Cultural de la Junta de Castilla y León.

El alcalde Carlos García Carbayo ha salido al paso del malestar expresado por el sector hostelero tras comprobar que varios puntos del casco histórico quedan fuera del mapa oficial de la feria este año. El regidor ha dejado claro que el Consistorio no actúa por decisión propia, sino que acata indicaciones institucionales sobre qué entornos no deben utilizarse para instalar estos espacios de ocio gastronómico.
Entre los enclaves afectados destaca la Rúa Mayor, donde la instalación de casetas comprometía el acceso a la biblioteca de la Casa de las Conchas. Carbayo ha recordado además que esta tendencia no es nueva: en ediciones anteriores ya se aplicaron restricciones similares en las zonas de las Úrsulas y las Agustinas.
Para compensar la pérdida de ubicaciones en el centro, el Ayuntamiento ha buscado alternativas. La Plaza de San Román, recientemente reurbanizada, se incorpora al circuito oficial de la feria, mientras que el parque de La Alamedilla amplía su presencia tras el buen resultado de público cosechado el año pasado. Esta última zona, además, abre la puerta a hosteleros que no cuentan con cocina propia en sus locales habituales.
Más allá de los espacios, el alcalde ha puesto el foco en la convivencia. Ha reconocido que existen quejas vecinales y ha pedido a los empresarios que extremen el cuidado del entorno: respetar los actos litúrgicos evitando música cerca de los templos, mantener limpias las zonas asignadas y colaborar con la Policía Local y los servicios municipales de limpieza.
García Carbayo ha subrayado que la Feria de Día sigue siendo «uno de los principales alicientes» de la programación festiva, un escaparate para la hostelería local que da vida y color a las calles de Salamanca. El reto, según el regidor, es encontrar el equilibrio entre el éxito del evento, la protección del patrimonio y el descanso de quienes viven en los barrios afectados.
Las fiestas arrancan con el desafío de demostrar que ese equilibrio es posible.



