Logroño lleva años presumiendo de un talento poco reconocido pero cada vez más evidente: el de descubrir artistas antes de que el resto del país sepa pronunciar sus nombres.

No es casualidad ni suerte. La programación de las fiestas de San Mateo ha servido, con el paso del tiempo, como una especie de termómetro cultural que marca la temperatura de lo que está a punto de explotar en la escena musical española e internacional.
Rosalía pisó los escenarios riojanos cuando aún no había lanzado Malamente, el disco que la catapultaría a la fama mundial. Bad Bunny actuó en La Rioja en una época en la que todavía no llenaba recintos de miles de personas. Rigoberta Bandini pasó por aquí antes de su célebre noche en el Benidorm Fest. C. Tangana antes de El Madrileño. Viva Suecia cuando todavía era una promesa del indie español.
La lista es larga y genera una mezcla de orgullo y cierta melancolía entre quienes vivieron esas actuaciones en primera persona.
Porque ese es precisamente el debate que surge cada año cuando llegan las fiestas: el contraste entre los que dicen con satisfacción «ya estuvieron aquí» y los que se preguntan con frustración «¿por qué no vienen ahora?».
El éxito tiene un precio. Cuando un artista da el salto definitivo a los grandes festivales o llena pabellones de veinte mil personas, volver a unas fiestas de ciudad se complica. Los cachés se disparan, las agendas se aprietan y las condiciones cambian.
San Mateo, sin embargo, no parece haber perdido ese instinto. La apuesta por nombres que aún no han alcanzado su techo sigue siendo una seña de identidad de la programación logroñesa, lo que convierte cada edición en una oportunidad para ser testigo de algo antes de que se convierta en fenómeno masivo.
Para muchos riojanos, eso tiene un valor que va más allá de cualquier titular rimbombante. Significa vivir la música de cerca, sin pantallas gigantes de por medio ni estadios abarrotados. Significa ser de los primeros.
Y en un mundo en el que todo se consume a gran velocidad, adelantarse sigue siendo, sencillamente, un privilegio.
