Segovia arranca el nuevo curso con más profesores y aulas rurales que resisten con apenas tres alumnos

La provincia de Segovia ha vuelto a las clases. Este jueves abrieron sus puertas los colegios de Educación Infantil, Primaria y Educación Especial, con 13.090 alumnos tomando asiento en sus pupitres para comenzar un nuevo año lectivo. El resto de etapas se irán incorporando de forma escalonada durante las próximas semanas.

Segovia arranca el nuevo curso con más profesores y aulas rurales que resisten con apenas tres alumnos

El dato más llamativo de este inicio de curso no está en el alumnado, sino en la plantilla docente. La Junta de Castilla y León ha destinado a la provincia 2.705 profesores, lo que supone 182 más que en el curso anterior. De ellos, 2.484 trabajan en centros públicos y 221 en concertados. A estos se suman 78 técnicos de Educación Infantil para el primer ciclo, el de cero a tres años.

En cuanto al alumnado, la cifra total de la provincia, contando todas las enseñanzas de régimen general, alcanza los 24.356 estudiantes, un 0,20% más que hace un año. Un crecimiento modesto pero sostenido.

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El 15 de septiembre se incorporarán los alumnos de ESO, Bachillerato y Formación Profesional Básica, mientras que los de Grado Medio y Superior lo harán el día 22.

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En la capital, el CEIP Martín Chico vive el inicio de curso con una matrícula al alza. Tres de sus grupos han alcanzado ya el máximo de alumnos permitido y el centro roza los 350 estudiantes con 42 docentes. Su directora, Nuria de María Marugán, ha resumido el espíritu del nuevo año bajo el lema Todos a bordo, apostando por un modelo que combina rendimiento académico con educación emocional y participación de las familias.

El contraste llega desde el mundo rural. El CRA Los Almendros, que agrupa centros en La Lastrilla, Bernuy de Porreros y Zamarramala, mantiene una matrícula estable de unos 450 alumnos en total, pero uno de sus centros, el de Zamarramala, abre sus puertas este curso con únicamente tres estudiantes.

Lejos de cerrarlo, la Junta ha decidido mantenerlo en funcionamiento, una decisión que refleja la apuesta de la administración autonómica por garantizar la escolarización en los municipios más pequeños, evitando que el número de matrículas condicione el derecho de los niños a estudiar en su propio pueblo.

El inicio de curso dibuja así una provincia con dos realidades bien distintas: colegios urbanos que presionan su capacidad y aulas rurales que luchan por no desaparecer del mapa.