El Pucela lleva 388 días sin ganar dos partidos seguidos y el domingo puede romper la maldición

El Real Valladolid afronta este domingo un partido que va más allá de los tres puntos. Tras el 1-0 cosechado ante el Andorra, el conjunto blanquivioleta tiene ante sí la posibilidad de encadenar dos victorias consecutivas en Liga por primera vez desde el 22 de agosto de 2025.

El Pucela lleva 388 días sin ganar dos partidos seguidos y el domingo puede romper la maldición

Han pasado 388 días desde aquella doble victoria frente al Ceuta y al Castellón con la que el Pucela arrancó la temporada pasada. Desde entonces, ganar dos seguidas se ha convertido en algo parecido a un imposible. Una estadística que pesa, que desafía a la lógica y que el equipo no ha logrado sacudirse pese a tener ocasiones de sobra para hacerlo.

La temporada anterior fueron diez las veces que el Valladolid tuvo la puerta abierta para encadenar triunfos. Diez oportunidades que se esfumaron una tras otra. Cada victoria prometía ser el inicio de una racha y terminaba siendo un punto y aparte en lugar de una coma.

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Ahora el calendario ha vuelto a ser generoso con el equipo de José Rojo Martín. Dos partidos consecutivos en casa. Dos citas ante la afición de Zorrilla. El escenario no puede ser más propicio para que esta vez las cosas salgan de otra manera.

El choque está programado para las 16.15 horas del domingo y supone mucho más que un simple compromiso liguero. Superar esta barrera no solucionaría todos los problemas de la plantilla, ni cambiaría de golpe el rumbo de la temporada. Pero tendría un valor simbólico enorme para la confianza del vestuario y para una afición que sigue esperando señales de solidez.

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Porque hay victorias que dan puntos y victorias que dan certezas. La del Andorra fue necesaria, pero incompleta si no tiene continuidad. El verdadero mensaje lo enviará lo que venga después.

El Valladolid tiene delante una de esas pruebas que no se reflejan en ningún análisis táctico pero que todos en el club conocen bien. La barrera del segundo triunfo. Invisible, pero presente. Y este domingo, en Zorrilla, llega otra oportunidad de tirarla abajo de una vez.