La provincia de Segovia ha dado la bienvenida este julio a únicamente doce menores saharauis dentro del programa Vacaciones en Paz, la iniciativa que cada verano trae a niños de los campamentos del desierto para que disfruten de dos meses de convivencia con familias españolas. La cifra supone el mínimo histórico de las últimas décadas y evidencia un estancamiento que preocupa a quienes sostienen el programa con recursos propios.

A comienzos de siglo, la provincia llegó a recibir entre 30 y 35 niños. Hoy apenas se alcanza un tercio de aquella cifra. Once de los doce pequeños eran repetidores, con edades que les permiten volver hasta cuatro o cinco veranos con la misma familia. Solo uno de ellos se quedó en la capital; el resto se repartió por municipios como El Espinar, Trescasas, Olombrada o Espirdo, entre otros.
Desde la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui de Segovia, su presidente Javier Moratalla apunta a dos causas principales: la dificultad creciente para encontrar familias de acogida y la ausencia total de financiación pública. «Desde la pandemia, quizás un poco antes, disminuyó bastante la acogida. Cada vez nos cuesta más trabajo encontrar familias», afirma.
La asociación se autofinancia a través de loterías, mercadillos y una exposición anual en diciembre. Un convenio municipal de 3.000 euros anuales que sostenía parte de la actividad desapareció cuando el Ayuntamiento cambió su modelo presupuestario hacia la concurrencia competitiva.
El viaje de cada niño ronda los 700 euros, que asume la asociación. La familia de acogida cubre la manutención completa, desde la alimentación hasta la ropa. Los pequeños llegan «con lo puesto y un regalito», en palabras de Moratalla, y regresan con algo más de equipaje y, sobre todo, con revisiones médicas realizadas que pueden marcar la diferencia en su salud.
La estancia también les permite aprender español de forma práctica, descubrir alimentos que van mucho más allá del arroz y la pasta que distribuyen las agencias humanitarias, y adquirir habilidades como nadar o montar en bicicleta, algo inimaginable en el desierto.
El problema no es exclusivo de Segovia. Castilla y León ha acogido este verano alrededor de 150 niños en total, una cifra que también retrocede año tras año. La causa saharaui pierde visibilidad, las familias envejecen y los relevos no llegan. Cada verano que pasa, más niños se quedan sin la oportunidad de conocer otro mundo.
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