Sobradillo de Palomares llena sus calles de fiesta con parchís, paintball y una noche que no terminó hasta que salió el sol

Sobradillo de Palomares vivió este jueves una de las jornadas más completas de sus fiestas en honor a Nuestra Señora de la Asunción, con un programa pensado para todas las edades que arrancó a media tarde y se prolongó hasta prácticamente el amanecer.

Sobradillo de Palomares llena sus calles de fiesta con parchís, paintball y una noche que no terminó hasta que salió el sol

Desde las cinco de la tarde, vecinos y visitantes fueron ocupando los espacios festivos con una propuesta que no dejó hueco al aburrimiento. La final del campeonato de parchís fue la primera parada del día, reuniendo alrededor del tablero a participantes de distintas generaciones en una de esas competiciones que conservan el sabor más auténtico de las fiestas de pueblo.

A las siete de la tarde llegó el turno de los más pequeños. Los hinchables acuáticos de Atracciones Iker se convirtieron en el centro de atención de niños y familias que aprovecharon el agua y los juegos para combatir el calor de agosto. Risas, carreras y chapuzones llenaron de vida la zona festiva durante más de una hora.

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En fiestas

Una vez que los niños recogieron, los jóvenes tomaron el relevo. A las ocho de la tarde comenzó una sesión de paintball para mayores de catorce años, cambiando el ambiente familiar por estrategia, velocidad y buenas dosis de adrenalina.

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Durante toda la jornada, el servicio de bar funcionó como punto de encuentro natural. En los pueblos pequeños, sentarse a tomar algo con quien no se ha visto en meses es parte esencial de las fiestas. Sobradillo lo sabe, y lo cuida.

Cuando cayó la noche, la Macrodiscomóvil La Tendencia tomó el mando a partir de la medianoche con una promesa clara: música hasta que saliera el sol. Y así fue. La pista se fue llenando conforme avanzaban las horas y la madrugada quedó marcada por el baile y la energía de un pueblo que no quería que la noche terminara.

Sobradillo de Palomares es una localidad pequeña, pero sus fiestas demuestran que el tamaño no define la intensidad de la celebración. Cuando un pueblo entero se implica, el resultado habla solo.

Y todavía quedan días de fiesta por delante. Porque en Sobradillo, en agosto, se duerme poco. Y se disfruta mucho.