Un hombre de 88 años logró mantenerse con vida durante más de tres días tendido en el cuarto de baño de su vivienda en Valencia, sin poder levantarse ni pedir auxilio, soportando la ola de calor de agosto con los únicos recursos que tenía a su alcance.

José Luis G. M. cayó al suelo el viernes 14 de agosto, hacia las siete de la tarde, y sufrió una brecha en la cabeza. Portador de una traqueotomía que le dificulta el habla, no podía gritar ni llamar a nadie. Su teléfono móvil sonaba sin parar en la habitación de al lado, pero era imposible alcanzarlo.
En esas condiciones desesperadas, una garrafa colocada en el suelo del baño para recoger el agua condensada del tubo del aire acondicionado se convirtió en su única fuente de hidratación. Bebió de ella en varias ocasiones con enorme esfuerzo, se mojó la cara y resistió tres días y tres noches entre las baldosas, con la cabeza ensangrentada y el cuerpo sin fuerzas para arrastrarse hasta la puerta.
La alarma la activó Isabel Monar, soprano valenciana de trayectoria internacional, al comprobar que su amigo no contestaba ninguna llamada. Acudió al domicilio con otra amiga, tocó el timbre sin respuesta y escuchó el móvil sonar dentro del piso. Alertó de inmediato a la Policía Local y contactó con Victoriano, de 86 años y antiguo compañero de trabajo de José Luis, que guardaba una copia de las llaves por si algún día ocurría algo así.
Los agentes llegaron pasadas las siete de la tarde del lunes 17 de agosto. Con las llaves de Victoriano abrieron la puerta sin necesidad de forzarla. Dentro hallaron una escena desoladora: sangre seca y reciente por todo el baño, y al anciano tendido sobre las baldosas, consciente pero exhausto, cubierto con una toalla amarilla.
Los servicios de emergencia le trasladaron al Hospital Clínico de Valencia. Las pruebas médicas, incluyendo un TAC y analíticas completas, revelaron un estado de salud sorprendentemente bueno a pesar de haber sufrido un ictus durante el percance. José Luis ya ha recibido el alta.
Victoriano, que fue a visitarle al día siguiente, lo dijo con alivio antes de salir de la habitación: «Tiene una salud de roble».



