El municipio burgalés clausuró ayer la campaña de excavación del monasterio de San Pedro de Valeránica, donde vivió Florencio de Valeránica, reconocido como el príncipe de la caligrafía medieval.

Allá por la década del 950, un joven monje de Tordómar copiaba manuscritos religiosos iluminados con una ornamentación compleja y detallada. Santos, libros, cartas fundacionales y registros de donaciones salían de la mano de aquel clérigo que además ejercía de notario para el conde de Castilla Fernán González. Ese monje era Florencio de Valeránica, cuya obra, entre la que destaca la Biblia de San Isidoro de León, le ha valido el título de príncipe de la caligrafía.
Siglos después, la arqueóloga Fabiola Monzón ha dedicado las últimas dos semanas a buscar en una tierra de Tordómar los restos del monasterio en el que vivió este excepcional personaje. Para ello realizó primero una prueba tomográfica con un georradar que permitió estimar las dimensiones del complejo antes de iniciar los trabajos. Con el permiso del agricultor propietario del terreno, se excavaron 25 metros cuadrados.
Los resultados han superado las expectativas. El equipo halló restos de una edificación que abarca desde la época romana hasta la Alta Edad Media. Entre los elementos encontrados se encuentran una canalización, una orza de almacenamiento y un espacio de enterramiento con restos óseos. La cerámica apunta a que los hallazgos datan como mínimo del siglo VI, aunque el análisis definitivo de cada pieza todavía está pendiente.
La investigadora describió el descubrimiento como una secuencia estratigráfica pluricultural y adelantó que el yacimiento tiene un potencial impresionante para seguir siendo estudiado.
La clausura de la campaña reunió ayer a numerosos vecinos curiosos en el pequeño yacimiento. La alcaldesa del municipio, Inmaculada Sierra, agradeció el apoyo de la Diputación de Burgos y de la Junta de Castilla y León, instituciones que han respaldado tanto la recuperación de archivos como la habilitación de un centro para representar el scriptorium del padre Florencio.
La figura del calígrafo despierta admiración más allá de las fronteras españolas. El apasionado local Ramón Luque señaló que en Alemania y Austria se investiga mucho sobre estos archivos y que la excelencia de sus códigos no fue alcanzada por ningún otro escriba medieval, ni siquiera los de Cardeña.
La excavación abre ahora una nueva etapa en la puesta en valor de un patrimonio que los propios vecinos de Tordómar siempre supieron que estaba enterrado bajo sus pies.



