El municipio abulense de La Cañada-El Herradón de Pinares encadena ya su tercera semana consecutiva sin suministro de agua en la red, una crisis que arrancó a finales de abril y que no tiene fecha de resolución a la vista.

El alcalde, Miguel Ángel Pozo Martín, reconoce que la situación es compleja y que el pueblo depende por completo de camiones cisterna y agua embotellada repartida por el Ayuntamiento. «Estamos llevando cisternas, pero se intentará dar lo antes posible», aseguró el regidor al ser preguntado por el estado del suministro.
Uno de los episodios más llamativos se produjo el pasado fin de semana, cuando el depósito municipal fue llenado el sábado con más de 700 metros cúbicos y apareció completamente vacío a la mañana siguiente. El alcalde no descarta que muchos vecinos, ante el miedo a quedarse sin nada, hayan aprovechado para llenar sus aljibes particulares: «Este consumo de agua tan elevado no es muy lógico; no entendemos si es que la gente se ha liado a llenarlos para tener para ellos sin mirar por los demás».
Los técnicos municipales trabajan en revisar toda la red para descartar fugas ocultas. A ello se suma la rotura de piezas clave en la depuradora, entre ellas una electroválvula y varios filtros dañados por la acumulación de lodo. El Ayuntamiento presiona a los proveedores para acelerar las entregas, aunque las empresas se niegan a dar plazos concretos.
Mientras tanto, los vecinos buscan cómo sobrevivir a la situación como pueden. Nuria Liébana, de la Asociación Vecinal Juntos por La Cañada, describe un panorama muy duro: familias con bebés que bañan a sus hijos en piscinas portátiles de verano, personas que se han marchado a casa de familiares en otros municipios porque su trabajo les obliga a ducharse y lavar la ropa a diario, y vecinos que hacen cuarenta kilómetros hasta Ávila o Las Navas del Marqués para ducharse en piscinas o polideportivos públicos.
El último reparto de agua embotellada por parte del Consistorio se realizó el jueves 14 de mayo, y desde entonces los residentes denuncian que no han recibido información clara ni actualizaciones oficiales sobre cuándo podría normalizarse el servicio.
La paciencia de los habitantes de La Cañada-El Herradón se agota. Tres semanas es mucho tiempo sin algo tan básico como el agua, y las explicaciones, por el momento, no son suficientes.
