Una silla de montar a caballo enviada por correo desde Colombia hasta Azuqueca de Henares escondía más de cinco kilos de cocaína. Lo que parecía un simple paquete postal desencadenó una operación policial que acabó con tres detenidos, un arsenal incautado y uno de los momentos más peligrosos que han vivido los agentes de la Guardia Civil de Guadalajara en los últimos tiempos.

La investigación, bautizada como operación Gavilanes, arrancó cuando efectivos del Equipo de Delincuencia Organizada y Antidroga de la Guardia Civil detectaron el envío sospechoso procedente de América. Dentro de la silla de montar, perfectamente camuflados, se hallaron 5,34 kilogramos de cocaína.
Los agentes pusieron en marcha entonces un dispositivo encubierto para controlar la entrega y poder identificar a quienes esperaban el paquete. La estrategia dio sus frutos: una primera persona intentó hacerse con el envío pese a que se le advirtió expresamente de que no era la destinataria, y fue detenida en el acto.
Poco después, los investigadores localizaron y arrestaron a la verdadera receptora de la silla. En ese registro se intervinieron dos teléfonos móviles cuyo análisis permitió seguir tirando del hilo y detectar a un tercer implicado en la trama.
Fue durante uno de los registros domiciliarios posteriores cuando la situación se tornó extremadamente peligrosa. Uno de los detenidos se encerró en una habitación y disparó contra los agentes antes de ser finalmente reducido sin que hubiera que lamentar heridos.
En ese mismo domicilio, los guardias civiles encontraron 928 gramos adicionales de cocaína, 1.650 gramos de cafeína y tres litros de metiletilcetona, sustancias habitualmente empleadas para adulterar estupefacientes. También se incautaron una prensa hidráulica y otros materiales relacionados con la preparación de droga.
El operativo concluyó con la intervención de cinco armas de fuego, dos armas de aire comprimido y 253 cartuchos de distintos calibres, configurando un arsenal que refleja el nivel de peligrosidad de la organización desarticulada.
La operación pone de manifiesto que Guadalajara no es ajena al tráfico internacional de drogas y que las redes criminales utilizan métodos cada vez más sofisticados para introducir sustancias ilegales en nuestro país, valiéndose incluso de objetos tan insospechados como el equipamiento ecuestre.



