Eduardo Velasco lleva más de cuatro décadas buscando en archivos algo que los libros de historia casi nunca cuentan: cómo vivían, de qué trabajaban y quiénes eran los zamoranos de a pie que un día habitaron los pueblos hoy amenazados por la despoblación. Y ahora ha decidido devolverles esa historia en persona, pueblo a pueblo.

Ya son 45 conferencias las que ha impartido por localidades de la provincia. Cada una es diferente, construida a partir de los documentos propios de cada municipio. No hay lección magistral ni clase académica. Lo que Velasco pone encima de la mesa son apellidos que el público reconoce, fotografías antiguas de sus calles, mapas que muestran cómo cambió el territorio y noticias de prensa protagonizadas por vecinos anónimos que vivieron hace siglos.
La última parada fue Torregamones. Allí apareció Bernardo Simón. Tenía 22 años, pelo y ojos negros, estatura media y una cicatriz sobre la ceja izquierda. Esos rasgos no son una descripción literaria, sino los que recoge una carta de examen del siglo XVIII. El documento acreditaba que este joven de Torregamones había superado las pruebas necesarias para ejercer su oficio artesanal fuera de su localidad. En una época sin fotografías, esa descripción física era la única forma de identificarlo en otro pueblo. Una pequeña historia guardada durante siglos en un archivo, y rescatada ahora para los vecinos de su tierra.
Velasco se jubiló hace tres años, pero no ha abandonado los archivos. Acumula más de veinte publicaciones y resume su forma de entender la historia en tres palabras: investigar, escribir y divulgar. Es esta última parte la que lo lleva hoy de localidad en localidad.
Uno de sus principales aliados es el Catastro del Marqués de la Ensenada, un documento del siglo XVIII que fotografió con detalle la sociedad de su tiempo. En Torregamones, la fuente permite saber que en 1751 los apellidos Pascual y Barrio eran los más frecuentes, con nueve cabezas de familia cada uno. Detrás de esos nombres hay propiedades, trabajos y vidas enteras esperando ser contadas.
Velasco también ha comprobado que algunos de esos apellidos han sobrevivido casi tres siglos, sobre todo en comarcas del oeste zamorano como Sanabria, Aliste y Sayago.
El objetivo es sencillo y al mismo tiempo extraordinario: que quienes escuchan no sientan que están en una clase de historia, sino que están conociendo a sus propios antepasados.



