Un mes ha pasado desde que el incendio de Brieva arrasó más de 3.000 hectáreas en la provincia de Segovia. El fuego, que se desató el 20 de julio, ha dejado una huella que va mucho más allá del paisaje ennegrecido que hoy recorre las carreteras de la zona.

Tenzuela, Berrocal y Carrascal de la Cuesta son los núcleos que han sufrido con mayor dureza las consecuencias del desastre. En Tenzuela, el fuego se llevó tres casas y una nave ganadera. Lisardo Iglesias, representante de la localidad en el Ayuntamiento de Pelayos del Arroyo, lo resume con una mezcla de resignación y determinación: perdió más de 400 pacas de forraje que tenía preparadas para todo el invierno, el resultado de más de dos meses de trabajo segando, arrastrando y empacando.
Sus 128 vacas sobrevivieron, aunque da por perdido a uno de los terneros. La Junta de Castilla y León le ha enviado dos camiones de paja y forraje este mes, un alivio parcial mientras espera saber cómo se regenerará el terreno quemado, que era el sustento natural de sus animales.
En Brieva, la alcaldesa Pilar Martín reconoce que el pueblo se ha salvado en lo esencial, aunque los ganaderos afrontan la pérdida de pastos, alpacas de paja y cerramientos. La principal preocupación ahora es que, en cuanto brote hierba nueva, el ganado tenderá a dispersarse hacia las carreteras al no haber vallas que lo contengan. Las ayudas de la Junta para reponer esos cerramientos se esperan con urgencia.
En Berrocal, el panorama es más grave. El municipio de Turégano, al que pertenecen también La Cuesta, Carrascal de la Cuesta y Aldeasaz, registra dos viviendas derruidas, varias naves ganaderas perdidas y almacenes destruidos. Su alcalde, Juan Montes, lamenta la magnitud de los daños en cerramientos a lo largo de todo el término municipal.
El Ayuntamiento de Turégano trabaja ya en la reposición de un puente de madera en una senda junto al río y tiene previsto restablecer la señalización de rutas, además de acompañar a los vecinos afectados en los trámites administrativos para acceder a las compensaciones.
Lo que el fuego dejó en pie, en muchos casos, fue pura casualidad. El capricho del viento decidió qué trozo ardía y cuál se salvaba. Esa incertidumbre, junto a la larga tarea de reconstrucción que queda por delante, marca el ánimo de una comarca que intenta recuperarse con la misma tenacidad con la que lleva generaciones trabajando la tierra.



