Sepúlveda vive estos días uno de sus momentos más esperados del año. Del jueves 27 al lunes 31 de agosto, con el broche final de la caldereta del 1 de septiembre, la villa segoviana se entrega por completo a sus Fiestas de los Santos Toros, una celebración que mezcla tradición taurina, música en la calle y un ambiente familiar que no ha perdido ni un gramo de autenticidad con el paso del tiempo.

«Intentamos que todos se sientan a gusto», reconoce el alcalde Ramón López Blazquez, que admite ciertos nervios estos días y cruza los dedos para que todo salga redondo. Y es que este año hay una novedad que genera expectación especial: la recuperación del encierro campero, impulsado por la Asociación El Encierro tras años de ausencia. El recorrido promete ser espectacular.
La fiesta arranca el jueves con el Grupo de Danzas «Virgen de la Peña» recibiendo a la Reina Elena Sanz y sus Damas de Honor. Este año el grupo cumple tres décadas de compromiso con el pueblo, lo que añade un componente emotivo al comienzo de los festejos. El chupinazo del mediodía desde el Edificio del Reloj marcará el pistoletazo oficial, seguido del recorrido por las peñas para probar la limonada de rigor.
El viernes comenzará temprano con dianas, el esperado encierro campero recuperado y las sopas de ajo de la Peña Los Fueros. Después vendrán el encierro urbano, las vaquillas y los encierros infantiles, que cada año reúnen a tal cantidad de participantes que se han ganado un nombre propio en el panorama festivo regional. Por la tarde, novillada sin picadores para Alejandro Pérez y Antonio Ortega.
El sábado incluirá una novillada con picadores protagonizada por el sepulvedano Eusebio Fernández junto a Borja Escudero y Yuste Varela, además de una visita musical muy especial de Pa Jota la Mía a la Residencia de Mayores. El domingo pondrá a Adrián Gabella, Javier Torres «Bombita» y Rubén Martín Galán frente al ruedo. El lunes traerá la despedida con becerrada interpeñas y entrega de trofeos.
Las orquestas La Fusión, Sirope, Tritón y Vermut Mamut se turnan cada noche para mantener el pulso de la celebración. Porque en Sepúlveda, aunque llegues sin conocer a nadie, en poco tiempo te sientes parte de la fiesta. Eso no se improvisa: se construye año tras año con mimo y sentido de comunidad.



