Un millón de madrileños estuvieron a merced del fuego: así se evitó la mayor catástrofe de la Sierra Oeste

El gran incendio forestal que ha arrasado durante días la Sierra Oeste de Madrid estuvo a punto de convertirse en una catástrofe sin precedentes para la región. El consejero de Medio Ambiente, Agricultura e Interior de la Comunidad de Madrid, Carlos Novillo, reconoció este jueves desde el Puesto de Mando Avanzado de Navalcarnero que el fuego tuvo potencial real para poner en riesgo a un millón de personas.

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El incendio, que se originó en tres focos distintos hace aproximadamente una semana, terminó unificándose en un único frente que abarcó desde Villa del Prado y San Martín de Valdeiglesias hasta el incendio declarado en Burgohondo, ya en territorio abulense. Las condiciones meteorológicas hicieron el resto: los fuegos comenzaron a relacionarse entre sí y los expertos advirtieron de que podrían crear su propia atmósfera, confluyendo finalmente en el Pantano de San Juan, tal y como ocurrió.

El momento más crítico llegó durante el fin de semana, cuando el flanco este del incendio cobró fuerza y se dirigió hacia el interior de la región. Municipios como Valdemorillo, Boadilla del Monte y Brunete se encontraban en la trayectoria directa de las llamas. De no haberse frenado ese avance, las consecuencias habrían sido devastadoras para una zona densamente poblada.

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El viento acabó cambiando a componente suroeste, reorientando el fuego hacia la Sierra de Guadarrama. Una circunstancia que, según Novillo, tampoco era tranquilizadora: «Podría haber quemado toda la Sierra, el Parque Nacional y Gredos».

Entre los episodios más decisivos de estos días destaca el operativo nocturno desplegado en los alrededores de Valdemaqueda. Unos 400 efectivos trabajaron durante horas utilizando la carretera M-537 como línea de contención, combinando maquinaria pesada y trabajos manuales para evitar que el fuego cruzara al norte del Pantano de San Juan. El consejero no dudó en bautizar esa vía como la «carretera milagro».

Novillo también puso el foco en la gestión del territorio como herramienta preventiva. Durante la inspección del terreno, pudo comprobarse cómo las zonas de aprovechamiento ganadero habían actuado como barrera natural frente al avance de las llamas. Por ello, reclamó reducir la burocracia que dificulta la gestión ganadero-forestal y apostó por una coordinación real entre administraciones.

«Los incendios no entienden de fronteras», advirtió el consejero, recordando que Madrid no solo tuvo que lidiar con sus propios fuegos, sino también con los originados en Almorox, Toledo, y en Burgohondo, Ávila.