Un ciudadano anónimo fue clave para poner fin a una racha delictiva que se prolongaba desde febrero. Su llamada de madrugada al 091 alertando de ruidos sospechosos en un local de la calle Arca Real desencadenó la detención de un hombre al que se le atribuyen ocho robos con fuerza en establecimientos de hostelería de la capital vallisoletana.

Ocurrió en la madrugada del pasado 27 de julio. El testigo escuchó lo que parecía el crujido de un cristal rompiéndose y avisó de inmediato a la Policía Nacional. Dos patrullas se desplazaron hasta el lugar y confirmaron que el local había sido asaltado: la reja de acceso estaba arrancada y depositada sobre la acera, la puerta de cristal aparecía fracturada y una máquina tragaperras había sido forzada con el embudo tirado en el suelo.
Mientras dos agentes aseguraban el interior del establecimiento, los otros dos salieron a buscar a los presuntos autores por las calles del entorno. En la calle General Shelly localizaron a un hombre que caminaba a paso rápido en dirección al paseo del Arco de Ladrillo. Los agentes lo identificaron y, al mismo tiempo, sus compañeros hallaron un teléfono móvil tirado junto a la puerta del bar asaltado. Las comprobaciones confirmaron que el terminal pertenecía al sospechoso, lo que motivó su detención inmediata. El segundo individuo que habría participado en el golpe no fue localizado pese a los rastreos efectuados en la zona.
La detención abrió además la puerta a resolver otros siete robos similares que el Grupo de Robos de la Brigada Provincial de Policía Judicial venía investigando desde principios de año. Los hechos presentaban un patrón claro: siempre de noche, siempre en bares o locales de hostelería, y siempre con el mismo objetivo, hacerse con el dinero de las máquinas tragaperras, los expendedores de tabaco y las cajas registradoras.
Para entrar, el sospechoso atacaba los bombines de las cerraduras con taladros o reventaba directamente los accesos. Para no ser identificado, usaba guantes, capuchas y cuellos altos que le cubrían parte del rostro.
El detenido fue trasladado a dependencias policiales para la instrucción del atestado, en el que se le imputan los ocho delitos de robo con fuerza. Tras ser puesto a disposición judicial, el juez decretó su puesta en libertad.
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