Un ciudadano madrileño desencadenó el pasado jueves una situación de máxima alerta en la sede de la Intervención de Armas y Explosivos de la Guardia Civil de Madrid al presentarse en sus instalaciones con cinco artefactos explosivos que había encontrado y decidido llevar consigo desde su domicilio.

El hombre entregó un total de siete objetos: dos granadas de mano, tres granadas de mortero y dos cartuchos de gran calibre. Aunque los artefactos estaban inertes, su mera presencia en el edificio obligó a desalojar todas las instalaciones de forma inmediata como medida de precaución.
Fue el Grupo de Desactivación de Explosivos (GEDEX) el encargado de realizar las comprobaciones necesarias para verificar el estado de los artefactos y proceder a su neutralización. Los especialistas confirmaron que no suponían un peligro activo, pero el protocolo de seguridad exigía actuar con toda la cautela posible.
La Guardia Civil ha subrayado que el ciudadano, aunque actuó con buena intención al querer entregar los explosivos a las autoridades, generó de forma involuntaria una situación de alto riesgo al trasladar los artefactos desde su casa hasta la oficina.
Y es que, por muy antiguos, oxidados o deteriorados que parezcan, los explosivos pueden conservar su carga y resultar letales. Por eso, desde el cuerpo insisten en que nadie debe tocarlos ni manipularlos bajo ningún concepto.
Tampoco se deben meter en el coche, llevar a casa, depositar en un contenedor o trasladar a ningún lugar, incluidos cuarteles o comisarías. La recomendación es clara: abandonar el lugar por el mismo camino por el que se llegó, sin explorar los alrededores por si hubiera más artefactos, y llamar de inmediato al 062 o al 112.
Una vez recibido el aviso, la Guardia Civil moviliza los recursos necesarios y son los propios especialistas quienes se desplazan hasta el lugar para valorar la situación y actuar en consecuencia.
Este tipo de incidentes no son tan infrecuentes como podría parecer. Artefactos de épocas pasadas siguen apareciendo en viviendas antiguas, terrenos o pertenencias heredadas, y el desconocimiento sobre cómo actuar puede derivar en situaciones de peligro real para quienes los encuentran y para quienes los rodean.
La Guardia Civil aprovecha este caso para recordar a todos los vecinos que la mejor ayuda que se puede prestar en estas circunstancias es, precisamente, no intervenir y dejar actuar a los profesionales.
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