Una familia en duda puede condenar al cierre la escuela rural de Cilleruelo de Abajo antes de que empiece el curso

El inicio del nuevo curso escolar trae incertidumbre a uno de los rincones más pequeños de la provincia de Burgos. La escuela de Cilleruelo de Abajo, perteneciente al Colegio Rural Agrupado Antonio Nebrija, podría no abrir sus puertas el próximo 9 de septiembre si una de las tres familias matriculadas se ve obligada a abandonar el pueblo.

Una familia en duda puede condenar al cierre la escuela rural de Cilleruelo de Abajo antes de que empiece el curso

«Cilleruelo es el centro que más nos preocupa», reconoce Estefanía Quintana Antón, directora del CRA Antonio Nebrija, que agrupa también las escuelas de Torresandino y Tórtoles de Esgueva. Sobre el papel hay tres alumnos inscritos, pero una de las familias ha comunicado al centro que podría tener que mudarse. Sin ese niño, la escuela no tendría el mínimo necesario para funcionar.

Desde el colegio no se han quedado de brazos cruzados. Han buscado soluciones hablando con el Ayuntamiento y con el programa Arraigo, con la esperanza de que, si esa familia parte, llegue algún alumno nuevo a tiempo. «Ojalá podamos continuar», insiste la directora.

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El CRA Antonio Nebrija cuenta actualmente con 20 alumnos repartidos entre sus tres sedes. Torresandino, la principal, acoge a 12; Tórtoles de Esgueva, a 5; y Cilleruelo, a 3. El profesorado también se renueva a medias: de los seis docentes, tres son nuevos incorporados este año.

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Estefanía defiende con convicción el modelo de escuela rural. «Somos como una pequeña familia entre alumnos, padres y profesores. Es una educación muy personalizada, conocemos muy bien a cada niño», explica. Y en cuanto a medios, asegura que no tienen nada que envidiar a los colegios urbanos: pantallas digitales, ordenadores individuales desde tercero de Primaria, impresoras 3D, robots e incluso un huerto escolar forman parte del día a día de estos niños.

Las actividades extraescolares incluyen guitarra, mecanografía, ciencia y multijuegos, y en Torresandino funciona además una ludoteca abierta a niños de los pueblos de alrededor.

Sin embargo, el fantasma del cierre es una realidad conocida en la zona. Varias escuelas del entorno han echado el cerrojo en las últimas dos décadas, y este mismo curso ha cerrado ya la escuela infantil de Milagros.

El CRA Antonio Nebrija nació entre 1986 y 1987 bajo otro nombre y tomó su identidad actual en 1993. Más de tres décadas después, sigue peleando por mantenerse vivo en plena España Vaciada.